Registrado: 08 Dec 2008 Mensajes: 2333 Promedio por Día: 3.89 Ubicación: melbourne
Mujer
Estado: Desconectado
Publicado: 12 Jan 2010 1:25 am
Gracias Etiopia,tengo pensado leer el libro sin comprarlo. Lo sacare de la biblioteca,pero estoy muy interesada en leer primero 1 biografia de Gabriel Marquez. Ayer mientras comiamos despues de ver el documental, me hablaron de esa biografia. Parece ser que a Marquez le gusta hablar con autores y periodistas,no permite que haya grabadoras y segun parece cuenta su vida publica y privada a sus amigos,pero "sus scretillos" no se los cuenta a nadie. Este escrito que ha escrito su biografia segun me dijeron, hablo con Marquez por mas de 3 horas,se fue a su casa y puso en su ordenador todo lo que Marquez le dijo. 1 vez escrita la biografia,le regalo 1 copia a Marque,despues de 1 tiempo,le ? que pensaba de su biografia,Marquez contesto: " ...no autorizada pero tolerada..."
Etiopía se nota que eres joven con lo de "el saber no ocupa lugar" con el tiempo acumulas libros, y el tiempo corre a velocidad creciente, al punto que te devora. Y se han de limitar mucho que contenidos se quiere meter uno en el disco duro cerebral, porque el tiempo es limitado y la oferta casi ilimitada por lo inabarcable. Como te digo eso te digo que si a ti te fué bien, bienvenido sea el libro y opine quien opine. La máxima ha de ser actúar como los romanos que de cada pueblo conquistado se quedaban con lo que les era útil y desechaban el resto, prácticos ante todo.
La verdad sobre el caso Savolta es magistral pero te diría que intentes leer los que adoptando un estilo de escritura quevedesca, de novela picaresca barroca, tienen a un loco por detective, en delirantes aventuras. Altamente recomendables.
El laberinto de las aceitunas y El misterio de la cripta embrujada
Entrevista de Sean Penn a Charles Bukowski en 1987 para la revista Interview
POR SEAN PENN
Charles Bukowski nació en Andernach, Alemania, en 1920. A los tres años de edad llegó a los Estados Unidos y creció en Los Angeles. Actualmente reside en San Pedro, California, con su esposa, Linda. Famoso borracho, peleador y mujeriego, Genet y Sartre lo llamaron “el mejor poeta de los Estados Unidos”, pero sus amigos lo llaman Hank.
Bares:“Ya no voy mucho a bares. Saqué eso de mi sistema. Ahora, cuando entro a un bar, siento náuseas. Estuve en demasiados, es apabullante. Son para cuando uno es más joven: todo eso de irse a las manos con un tipo, hacerse el macho, levantarse minas. A mi edad, ya no lo necesito. Hoy sólo entro a los bares para mear. A veces cruzo la puerta y empiezo a vomitar”.
El alcohol: “El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido ser más libre en la cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas... Entonces el alcohol me gusta, cómo no”.
Fumar: “Me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Yo solía despertarme de una borrachera y había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas, casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me preguntaba: ‘¡Mierda! ¿Cómo se verán mis pulmones?’”.
Pelear: “La mejor sensación es cuando golpeás a un tipo que no se supone que puedas golpear. Una vez me metí con un tipo, me estaba insultando. Le dije: ‘Bueno, adelante’. No tuve ningún problema, le gané la pelea fácilmente. Estaba tirado en el piso. Tenía la nariz ensangrentada. Me dijo: ‘Jesús, te movés siempre tan lentamente que pensé que serías fácil. Y cuando empezó la condenada pelea, ya no podía ver tus manos, te volviste tan rápido. ¿Qué pasó?’. Le dije: ‘No sé, hombre. Así son las cosas. Uno ahorra para cuando tiene que usarlo’”.
Los gatos: “Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores. Cuantos más gatos uno tenga, más tiempo vivirá. Si tenés cien gatos, vivirás diez veces más que si tenés diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo”.
Las mujeres y el sexo:
“Yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo nunca están bien para ellas. Y cuando me tiran toda esa histeria... Tengo que salir, agarrar el auto e irme. A cualquier parte. Tomar una taza de café en algún lado. En cualquier lado. Cualquier cosa menos otra mujer. Supongo que están construidas de diferente manera, ¿no? Cuando la histeria empieza, se acaba todo. Uno se tiene que ir, ellas no entienden por qué. ‘¿Adónde vas?’, te gritan. ‘¡Me voy a la mierda, nena!’. Piensan que soy un misógino, pero no es verdad. Es puro boca a boca. Escuchan que Bukowski es ‘un cerdo macho chauvinista’, pero no chequean la fuente. Seguro, a veces pinto una mala imagen de las mujeres en mis cuentos, pero con los hombres hago lo mismo. Incluso yo salgo mal parado muchas veces. Si realmente pienso que algo es malo, digo que es malo, sea hombre, mujer, niño o perro. Las mujeres son tan quisquillosas, piensan que me las agarro con ellas en particular. Ése es su problema”.
La primera vez: “Mi primera vez fue la más rara. No sabía cómo hacerlo, y ella me enseñó a chuparle la concha y todas esas cosas de coger. Me acuerdo de que me decía: ‘Hank, sos un buen escritor, pero no sabés una mierda sobre las mujeres’. ‘¿Qué querés decir? Estuve con un montón de mujeres.’ ‘No, no sabés nada. Dejame enseñarte algunas cosas.’ Le dije que bueno y ella: ‘Sos buen estudiante, entendés rápido’. Eso fue todo. (Está un poco avergonzado. No por los detalles sino por el sentimentalismo del recuerdo.) Pero todo ese asunto de chupar conchas se puede poner un poco servil. Me gusta hacerlas gozar, pero... Todo está sobrevalorado. El sexo sólo es una gran cosa cuando no lo hacés”.
El sexo antes del sida (y su casamiento):“Yo nada más entraba y salía de entre las sábanas. No sé, era como un trance, un trance de coger. Y las mujeres... uno les decía algo, las tomaba de la muñeca, ‘vamos, nena’, las guiaba hasta el dormitorio y se las cogía. Cuando uno entra en el ritmo, sigue adelante. Hay un montón de mujeres solitarias allá afuera. Son lindas, pero no se saben conectar. Están sentadas solas, van al trabajo, vuelven a la casa... es algo maravilloso para ellas que un tipo se les aparezca. Y si se sienta cerca, bebe y habla, es entretenimiento. Estuvo bien, tuve suerte. Las mujeres modernas... no te cosen los botones”.
Escribir: “Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida’. Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga pitada a su cigarrillo.) Es así. La pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga... la magia”.
La poesía: “Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la palabra ‘poeta’ o ‘poesía’, todos los pendejos se reían y se burlaban. Puedo ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y endogámico por siglos. Es ultradelicado, sobreapreciado. Es un montón de mierda. Durante siglos, la poesía es casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes poetas, no me entienda mal. Hay un poeta chino llamado Li Po. Podía poner más sentimiento, realismo y pasión en cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía vino también. Solía quemar sus poemas, navegar por el río y beber vino. Los emperadores lo amaban porque podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó sus poemas malos. Lo que yo quise hacer, si me disculpa, es incorporar el punto de vista de los obreros sobre la vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la existencia del hombre común... algo que pocas veces se menciona en la poesía desde hace siglos. Mejor, que quede registrado que dije que la poesía es una mierda desde hace siglos. Y una vergüenza”.
Céline: “La primera vez que leí a Céline, me fui a la cama con una caja grande de galletitas Ritz. Empecé a leerle y me comía una galletita Ritz, me reía, me comía una Ritz, leía. Leí la novela entera de un tirón y me terminé la caja de galletitas. Y me levanté y tomé agua. Tendrías que haberme visto. No me podía mover. Eso es lo que un buen escritor te puede hacer. Casi te puede matar. Un mal escritor puede hacerlo, también”.
Shakespeare: “Es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio proceso de pensamiento. Me desagradan”.
Su material de lectura favorito: “Leí en el The National Enquirer una nota titulada ‘¿Es su marido homosexual?’. Linda me dijo: ‘¡Tenés voz de puto!’. Yo dije: ‘Oh, sí, siempre me lo pregunté’. Ese artículo decía: ‘¿Su marido se depila las cejas?’. Y yo pensé, mierda, lo hago todo el tiempo. Ahora sé lo que soy. Me depilo las cejas, soy un puto. Es muy amable de parte de The National Enquirer decirme lo que soy”.
El humor y la muerte: “El último gran humorista era un tipo llamado James Thurber. Pero su humor era tan magnífico que tuvieron que ignorarlo. Este tipo era, podría decirse, un psiquiatra de las edades. Tenía algo ambiguo, hombre-mujer, veía cosas. Era sanador. Su humor era tan real que uno gritaba de risa, era como una liberación frenética. Aparte de Thurber, no puedo pensar en nadie... Yo tengo algo de humorista, pero no como él. No llamo humor a lo que tengo, lo llamo un ‘filo cómico’. Estoy colgado en eso. Casi todo lo que pasa es ridículo. Cagamos todos los días. Eso es ridículo, ¿no te parece? Tenemos que seguir meando, poniendo comida en nuestras bocas, nos sale cera de los oídos. Tenemos que rascarnos. Cosas feas y tontas, ¿o no? Las tetas no sirven para nada, salvo...”.
Nosotros: “La verdad es que somos monstruosidades. Si pudiéramos vernos, podríamos amarnos, darnos cuenta de lo ridículos que somos, con nuestros intestinos retorcidos por los que se desliza lentamente la mierda mientras nos miramos a los ojos y decimos: ‘Te amo’. Nos carbonizamos y producimos mierda, pero no nos tiramos pedos cerca del otro. Todo tiene un filo cómico”.
Ganar: “Y después nos morimos. Pero la muerte no nos ha ganado. No ha mostrado ninguna credencial. Nosotros hemos mostrado todas las credenciales. Con el nacimiento, ¿nos ganamos la vida? No realmente, pero de seguro la hija de puta nos tiene atrapados... La muerte me provoca resentimiento, la vida también, y mucho más estar atrapado entre las dos. ¿Sabés cuantas veces intenté suicidarme? Dame tiempo, sólo tengo 66 años. Sigo trabajando en eso. Cuando uno tiene tendencias suicidas, nada lo molesta, excepto perder en las carreras de caballos. ¿Por qué será? A lo mejor porque uno usa su mente en las carreras, no su corazón. Pero nunca cabalgué. No estoy muy interesado en el caballo sino en el proceso de acertar o no, selectivamente”.
Las carreras: “Traté de ganarme la vida con las carreras por un tiempo. Es doloroso. Es vigorizante. Todo está al límite, el alquiler, todo. Pero uno tiende a ser cuidadoso. Una vez estaba sentado en una curva. Había doce caballos en la carrera y estaban todos amontonados. Parecía un gran ataque. Todo lo que veía era esos grandes culos de caballo subiendo y bajando. Parecían salvajes. Miré esos culos de caballos y pensé: ‘Esto es una locura total’. Pero hay otros días en los que ganás cuatrocientos o quinientos dólares, ganás ocho o nueve carreras al hilo, y te sentís Dios, como si lo supieras todo. Y todo queda en su lugar”.
La gente: “No miro mucho a la gente. Es perturbador. Dicen que si mirás mucho a otra persona, te empezás a parecer a ella. Pobre Linda. La mayoría de las veces me la puedo pasar sin la gente. La gente no me llena, me vacía. No respeto a nadie. Tengo un problema en ese sentido. Estoy mintiendo pero, creeme, es verdad”.
La fama: “Es destructora. Es una puta, una perra, la destructora más grande de todos los tiempos. A mí me tocó la mejor parte porque soy famoso en Europa y desconocido aquí, en Estados Unidos. Soy uno de los hombres más afortunados. La fama es terrible. Es una media en una escala del denominador común, la meten trabajando a un nivel bajo. No tiene valor. Una audiencia selecta es mucho mejor”.
La soledad: “Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Ni varias personas. En otras palabras, la soledad no es algo que me molesta porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca pensé: ‘Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a garchar, y me va a frotar las bolas, y me voy a sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. Viste cómo piensa la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre ellos. Nunca tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me escondía en bares porque no quería esconderme en fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones, pero nunca me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo encontrar”.
El tiempo libre: “Es muy importante tener tiempo libre. Hay que parar por completo y no hacer nada por largos períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una ama de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas en las que no hacés nada. Uno se tira en una cama a mirar el techo. Hacer nada es muy, muy importante. ¿Y cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca. Por eso la mayoría está totalmente loca, frustrada, enojada y odiosa. Antes de casarme, o de conocer a muchas mujeres, bajaba las cortinas y me metía en la cama por tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y para comer una lata de porotos. Después me vestía y salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería recargada. Pero, ¿sabés qué me tiraba abajo? El primer rostro humano que veía en la vereda. Esa cara nomás me hacía perder la mitad de la carga. Esta cara monstruosa, sin expresión, tonta, sin sentimientos, cargada de capitalismo. Pero aún así valía la pena, me quedaba la mitad de la carga todavía. Por eso el tiempo libre es importante. Y no digo tomarse tiempo para tener pensamientos profundos. Hablo de no pensar en absoluto. Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno mismo. Sólo ser un haragán. Es hermoso”.
La belleza: “No existe algo como la belleza, especialmente en un rostro humano, eso que llamamos fisonomía. Todo es un imaginado y matemático alineamiento de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no sobresale mucho, si los costados están bien, si las orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es demasiado largo. Es una mirada generalizadora. La gente piensa que ciertos rostros son hermosos, pero, realmente, no lo son. La verdadera belleza, por supuesto, viene de la personalidad. No tiene nada que ver con la forma de las cejas. Me dicen de tantas mujeres que son hermosas... pero cuando las veo, es como mirar un plato de sopa”.
La fealdad: “No existe. Hay algo llamado deformidad, pero la simple fealdad no existe. He dicho”.
Érase una vez: “Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre intentando ser escritor en Nueva York. No había comido en tres o cuatro días. Así que finalmente dije: ‘Me voy a comer una gran bolsa de pochoclo’. Cada grano era como un churrasco. Tragaba y echaba pochoclo a mi estómago que decía ‘¡Gracias, gracias!’. Estaba en el paraíso, caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado y uno le dijo al otro: ‘¡Jesús!’. El otro dijo: ‘¿Qué pasa?’ ‘¿Viste a ese tipo comiendo pochoclo? Dios, era horrible.’ Así que no pude disfrutar el resto del pochoclo. Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era horrible’. Yo estaba en el paraíso. Supongo que era un poco cochino. Ellos siempre pueden distinguir a un tipo hecho mierda”.
La prensa: “Disfruto las cosas malas que se dicen sobre mí. Aumenta la venta de libros y me hace sentir malvado. No me gusta sentirme bien porque soy bueno. ¿Pero malo? Sí. Me da otra dimensión. Me gusta ser atacado. ‘¡Bukowski es desagradable!’ Eso me hace reír, me gusta. ‘¡Es un escritor desastroso!’ Sonrío más. Me alimento de eso. Pero cuando un tipo me dice que dan un texto mío como material de lectura en una universidad, me quedo boquiabierto. No sé, me aterra ser demasiado aceptado. Siento que hice algo mal”.
El dedo: (Levanta el dedo meñique de su mano izquierda) “¿Viste alguna vez este dedo? (El dedo parece paralizado en una forma de “L”). Me lo rompí una noche, borracho. No sé por qué, pero nunca se acomodó. Pero funciona perfecto para la letra ‘a’ de la máquina de escribir, y qué demonios, le agrega algo a mi personaje”.
La valentía: “A la mayoría de la gente supuestamente valiente le falta imaginación. Es como si no pudieran concebir lo que sucedería si algo saliera mal. Los verdaderos valientes vencen a su imaginación y hacen lo que deben hacer”.
El miedo: “No sé nada sobre eso”.
(Se ríe.)
La violencia: “Creo que, la mayoría de las veces, la violencia es malinterpretada. Hace falta cierta violencia. En nosotros hay una energía que necesita ser sacada. Creo que si esa energía es contenida, nos volvemos locos. La paz última que todos deseamos no es un área deseable. De alguna manera, no estamos destinados a eso. Por eso me gusta ver peleas de boxeo, y por eso yo mismo las protagonizaba en mi juventud. A veces se llama violencia a la expulsión de energía con honor. Hay locura interesante y locura desagradable. Hay buenas y malas formas de violencia. Es un término vago. Está bien si no se hace a expensas de otros”.
El dolor físico: “Con el tiempo uno se endurece, aguanta el dolor físico. Cuando estaba en el Hospital General, un tipo entró y dijo: ‘Nunca vi a nadie aguantar la aguja con tanta frialdad’. Eso no es valentía. Si uno aguanta suficiente dolor, uno cede. Es un proceso, un ajuste. Pero no hay forma de acostumbrarse al dolor mental. Me mantengo lejos de él”.
La psiquiatría: “¿Qué consiguen los pacientes psiquiátricos? Una cuenta. Creo que el problema entre un psiquiatra y su paciente es que el psiquiatra actúa de acuerdo al libro, mientras que el paciente llega por lo que la vida le ha hecho. Y aunque el libro pueda tener cierta perspicacia, las páginas siempre son las mismas y cada paciente es diferente. Hay muchos más problemas individuales que páginas. Hay demasiada gente loca como para resolverlo diciendo: ‘Tantos dólares por hora, cuando suena el timbre terminamos’. Eso sólo puede llevar a una persona un poco loca a la locura total. Recién empiezan a abrirse y a sentirse bien cuando el psiquiatra dice: ‘Enfermera, arregle la próxima cita’. Todo es asquerosamente mundano. El tipo está ahí para quedarse con tu culo, no para curarte. Quiere tu dinero. Cuando suena el timbre, que entre el siguiente loco. Ahora, el loco sensible se va a dar cuenta de que cuando el timbre suena, significa que lo cagaron. No hay límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he visto parecen estar al límite ellos mismos, además. Pero están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”.
La fe: “La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi plomero que en el ser eterno. Los plomeros hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya”.
El cinismo: “Siempre me acusaron de cínico. Creo que el cinismo es una uva amarga. Es una debilidad. Es decir: ‘¡Todo está mal! ¿Entendés? ¡Esto no está bien! ¡Aquello no está bien!’. El cinismo es la debilidad que evita que nos ajustemos a lo que ocurre en el momento. El optimismo también es una debilidad. ‘El sol brilla, los pájaros cantan, sonríe.’ Eso es mierda también. La verdad está en algún lugar entre los dos. Lo que es, es. Si no estás listo para soportarlo, joderse”.
La moralidad convencional:
“Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan pueden crearlo. Pienso que la gente está sobredomesticada. Uno tiene que averiguar lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un término extraño aquí: el bien. No sé de dónde viene, pero siento que hay un básico rasgo de bondad en cada uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en esta ‘bondad’, como un tubo dentro de nuestros cuerpos. Puede ser alimentada. Siempre es mágica, por ejemplo cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un extraño hace lugar para que alguien pueda cambiar de mano... es esperanzador”.
Sobre ser entrevistado: “Es como ser arrinconado. Es vergonzoso. Por eso, no siempre digo toda la verdad. Me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que si quieren saber algo sobre mí, no lean una entrevista. Ignoren ésta, también”.
No sé donde encuentran esas maravillas gráficas, me tienen papiado...
Me dan ganas de cantar como en la verbena "hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad...." etc.
He de mirar con calma las maravillas.
Ha dado con el defecto reseñable de esa obrita, pero ya sabe que yo soy de El laberinto de las aceitunas y El misterio de la cripta embrujada, creo que usted es de mi cuerda.. yo no dejé de reir con esas dos obras y han paseado también por hospitales y compartido muchos microbios conmigo.
A mejorarse Tío Víctor que si no uno se muere, y morir es de mala educación.
Publicado: 09 Mar 2010 2:04 amTítulo del mensaje: Miguel Hernández desmitificado
CRITICADO. Los comunistas ortodoxos no vieron con buenos ojos que el «poeta de la revolución» tardara dos meses en alistarse al lado de la República.
MIGUEL HERNÁNDEZ, DESMITIFICADO
NI TAN pobre, ni tan cabrero. Eutimio Martín, autor de la última biografía sobre el gran poeta, escribe para «Crónica» toda su verdad sobre otro de los mitos urdidos al amparo de la Guerra Civil
EUTIMIO MARTÍN
El próximo mes de mayo el nombre de Miguel Hernández estará literalmente por las nubes, puesto que un Airbus de la compañía Iberia lo llevará escrito en su fuselaje. Dado que otro avión de esa compañía vuela, ya hace tiempo, bautizado con el nombre de Federico García Lorca, va a resultar que las nubes serán el escenario donde se proyecten los nombres de los dos poetas más populares del siglo XX. Hete aquí que el poeta oriolano y el granadino van a tener más ocasiones de cruzarse por los caminos del cielo que de la tierra.
El nombre de Miguel Hernández aireado (nuncamejor dicho) por un avión parece simbolizar una socorrida biografía de Miguel Hernández descarriada en las nubes de un santoral de izquierdas, tan inepto como el de derechas. No le han faltado al poeta hagiógrafos que han subrayado la sencillez cuasifranciscana de su vestimenta luciendo, a modo de sayal, su legendaria ropa: pantalón de pana y espardeñas.
Es tomar el rábano por las hojas. Miguel no carecía de retranca campesina y, así, disfrazado de pastorpoeta, consiguió un rotundo éxito de mercadotecnia. En su primera aparición en la prensa nacional, en el semanario Estampa, aparece Hernández retratado a lo Rubén Darío, luciendo un elegante gabán de diplomático y con unas cuartillas en la mano. No había look más eficaz para pasar desapercibido en el ambiente literario.
El avispado oriolano no debió de tardar en apercibirse del anonimato en que le sumía la vestimenta o pose rubendariana, indefectible en todo poeta novel. Por el contrario, haciendo gala del pelo de la dehesa no podía por menos que atraer la atención en las reuniones y tertulias frecuentadas por la crema y nata social, intelectual y artística que era donde más le convenía integrarse para poder ejercer el ansiado oficio de poeta.
Una de las tertulias más reputadas, a las que concurría la alta sociedad madrileña y la intelectualidad en candelero, era la que celebraba el diplomático chileno Carlos Morla Lynch en su propio domicilio. El aristócrata anfitrión acusó el impacto de la presencia de Miguel Hernández escribiendo en su diario, con fecha de julio de 1935: «A la reunión de esta noche han traído a un pastor-poeta —Miguel Hernández— que concibe sus poemas exquisitos cuidando cabras en la montaña. Andan todos locos con él, de ojos muy claros, de traje humilde y alpargatas, me produce el efecto de un niño sonámbulo que viviera en otro plano; espíritu ausente ». No es seguro que Lorca, contertulio habitual, unido al chileno por una íntima amistad, se pusiera precisamente «loco de contento » al constatar que el intruso oriolano le eclipsaba el vedetariado de la reunión.
Morla Lynch carecía de doble fondo. Lo que Hernández tenía «de niño» era una necesidad imperiosa de protección y ayuda y como «sonámbulo », más bien soñaba despierto. El poeta-pastor no deshizo el equívoco hasta la Guerra Civil, cuando ya pudo ejercer sin trabas y con plena dedicación el oficio de poeta. Un miliciano le preguntó: «¿Es cierto que fuiste pastor de cabras? ». Y Miguel: «Sí, pero de las cabras de mi padre».
Tarjeta de alistamiento del escritor en las milicias republicanas. Fue el asesinato de García Lorca el que le decidió a empuñar las armas en la Guerra Civil
El carácter emblemático de nuestro poeta puede acarrearle una imagen propagandística que distorsiona la veracidad. La ortodoxia comunista, por ejemplo, no admite que «el poeta de la revolución» tardara dos meses en inscribirse en el 5º Regimiento. Y sus más conspicuos representantes literarios o guardan un discreto silencio o, caso de Rafael Alberti o de José Herrera Petere, no dudan en apuntarle en las milicias republicanas en cuanto se produce el golpe de Estado. Habrá escritores militantes que, arrastrados por un desorbitado celo ejemplarizante, incurran en absurdas afirmaciones. Según el paraguayo Elvio Romero, Miguel Hernández, agonizante [murió de tuberculosis en la cárcel el 28 de marzo de 1940], escribió en la pared de la enfermería, a guisa de testamento: «Adiós hermanos, camaradas, amigos / despedidme del sol y de los trigos». Estos versos, adobados con una escenografía grotescamente melodramática («Se arrastró aún en medio de la oscuridad... levantó la mano demacrada...») llegaron a figurar en las Obra Completas y han abastecido un emocionante «broche de oro» a innumerables artículos sobre la vida y obra del autor de Viento del pueblo.
Josefina Manresa, su novia de toda toda la vida y su musa, en la foto superior conManuel Miguel, el hijo del poeta alicantino y la andaluza. El niño inspiraría a Miguel Hernández la canción de cuna «Nana de las cebollas».
MAL AMANTE
En el terreno predilecto de la lírica, el erótico, no han faltado tampoco biógrafos (principalmente del sexo femenino) empeñados en poner por las nubes la relación Miguel-Josefina, como modelo de fidelidad recíproca y plenitud amorosa. Ni lo uno ni lo otro. Miguel rompió el noviazgo apenas oficializado y lo reanudó cuando vio fracasados sus repetidos intentos de reemplazar a Josefina, ya fuera con María Zambrano, María Cegarra o con la que llegó a formar pareja: Maruja Mallo.
Ni como novia, ni como esposa, ni como madre dio Josefina Manresa entera satisfacción a Miguel [Se casaron en marzo de 1937 y tuvieron dos hijos varones]. Hija de guardia civil y congregante, le rehusó a su novio un simple beso ya que para ella «un beso del novio era perder el honor». Como todo marido preso, Miguel Hernández esperaba la visita confortadora de su esposa, de vez en cuando. Pero a diferencia de sus compañeros de prisión, nunca, salvo en Orihuela y Alicante, recibió la visita de Josefina. Y no le ahorró motivos de preocupación hasta el punto de conseguir sacarle de sus casillas. Para muestra, un botón: «¿Cuándo vas a dejar de ser idiota? Tienes madera de mártir, y es muy posible que algún día vengas en el santoral del almanaque. Santa Josefina, casada, tonta y mártir... aunque me figuro que irás al limbo por tu idiotez incurable... Mata a los animales de ahí como estás matando a éste de aquí desde hace un siglo». Tampoco dio muestras de comportarse como madre ejemplar, ya que su esposo se ve a menudo obligado a insistir en el cuidado al niño: «Báñalo a diario y dime si lo haces. No seas perezosa para cuidar a tu hijo».
Es obvio que el asesinato del padre y la detención del marido en tan siniestras condiciones no le facilitaban la existencia. Máxime con un carácter pusilánime. Posiblemente sufriera una depresión crónica que su marido no supo desvelar.
Menos incierta es la mala relación de Lorca y Hernández. Hoy se cruzan en las nubes. Ayer, a ras de tierra. El roce surgió ya desde el primer encuentro en casa de Raimundo de los Reyes, el editor de Perito en lunas, en enero de 1933. Lorca no apreció en absoluto el excesivo entusiasmo y alta consideración de sí mismo con que Hernández acogió las corteses palabras de elogio que le prodigó. La carta que Miguel, impaciente, le escribió el 10 de abril no hizo más que empeorar las cosas: «Le escribí hace mucho pidiéndole elogios, aunque ya se los había oído, para mi Perito en lunas. Y aquí me tiene usted esperándolos... He pensado, ante su silencio, que usted nos tomó el pelo a lo andaluz en Murcia, ¿recuerdaaaa?».
No es difícil imaginar cómo le sentaría al tan celebrado autor de Bodas de sangre que un poeta novato le levantara la voz («¿recuerdaaaa? »). Y no digamos cuando, a continuación, se metió con sus compañeros y amigos derrochando pedantería y machismo: «Usted sabe bien que en ese libro mío hay cosas que se superan difícilmente… y encierra en sus entrañasmás personalidad, más valentía, más cojones —a pesar de su aire falso de Góngora— que todos los de casi todos los poetas consagrados a los que, si se les quitara la firma, se les confundiría la voz».
No obstante, Lorca, a pesar de los exabruptos de su airado corresponsal, se permitió el lujo de escribirle con inevitable acento paternalista (le lleva 12 años), aconsejándole paciencia y trabajo. Miguel le replica sin hacer el menor esfuerzo por mejorar su tono y estilo escasamente diplomático. Ahora va a meter la pata hasta el corvejón tratando a Lorca, que tanto detestaba que lo tomaran por gitano, de «calorré de nacimiento ». Y, para remate de fiesta, remacha el clavo a renglón seguido con el alarde sexual que menos aprecio podía suscitar en un homosexual: «He dejado en tres o cuatro vientres inútiles otros tantos hijos que tenía reunidos».
TIRRIA FEROZ
El autor de Romancero gitano le llegó a coger al exigente y colérico pastor-poeta una tirria feroz. Hasta el punto de no aceptar ninguna invitación de Vicente Aleixandre a su tertulia sin obtener la garantía de una respuesta negativa a la indefectible pregunta: «¿Está “ése”?».
Resulta curioso, por otra parte, constatar cómo, a pesar de la profunda divergencia de carácter personal y medio social, se da una serie de coincidencias entre uno y otro poeta: la misma composición familiar (cuatro hermanos, dos varones y dos hembras) y un presumible origen gitano. En el terreno artístico, ambos practican el dibujo y se sienten poderosamente atraídos por el cine. Si en noviembre de 1934 Miguel le confiesa a Pérez Clotet: «El cine me atrae irresistible», Lorca, que ya ha escrito el guión cinematográfico Viaje a la luna, declara por su parte (septiembre de 1935) a El día gráfico de Barcelona que le gustaría «llevar al cine cuanto se relaciona con la lidia». Y, finalmente los dos creyeron ponerse a salvo en medio de sus paisanos, ingenua credulidad que les costó la vida cuando uno contaba 38 años y el otro no había aún cumplido los 32.
Miguel Hernández se despidió epistolarmente de Lorca con un patético. «Si para ti no significa nada mi amistad, para mí mucho la tuya». Y tanto suponía, en efecto, para él la figura del andaluz que la noticia de su asesinato le decidió a alistarse en el ejército republicano. Así lo proclamará en público: «Es su sangre, bestialmente vertida, el llamamiento más imperioso y emocionante que siento y que me arrastra hacia la guerra». La Elegía primera a García Lorca, pórtico de Viento del pueblo, elevó a categoría literaria, con admirable dignidad humana, un inmarcesible sentimiento de profunda amistad, nunca correspondida.
Lo que más indigna y conmueve en la biografía de Hernández es el encarnizamiento represivo que sufrió. Pocos estudiosos apuntan a la responsabilidad de la Iglesia Católica en su dramático asesinato a fuego lento. Y cuando esto ocurre, todos los tiros apuntan al canónigo Luis Almarcha. Podía éste último haberse dirigido al propio Franco en cuanto Consiliario Nacional de los Sindicatos Falangistas para que, al menos, se le aplicara el reglamento carcelario que permitía a todo preso beneficiarse de un sanatorio antituberculoso. Fue responsable pero no culpable. Es a la Iglesia Católica a la que hay que endosar la culpabilidad ya que aplicó a Hernández la estructura represiva que la caracteriza y a la que el funcionario eclesiástico Luis Almarcha debía obligatoriamente atenerse. Es un imperativo inquisitorial entregar al brazo secular un reo que no se arrepiente.
IMAGEN EXAGERADA
Se impone la necesidad para la izquierda de laicizar a sus héroes. La celebración del centenario del nacimiento de Miguel Hernández (nació el 30 de octubre de 1910) es una ocasión propicia para descenderle de las nubes hagiográficas donde se le ha esculpido una estatua de cartón piedra y devolverle la identidad que le corresponde, trazando de él una biografía veraz. El camarada Lenín merece un oído atento: «Los hechos son testarudos».
Es infantil ofuscarse con exageraciones que atentan en definitiva contra la dimensión humana del héroe. Porque Miguel Hernández dio prueba de una indudable heroicidad. Poseía la gran cualidad que define a los seres excepcionales: no renunciaba nunca a lo que consideraba irrenunciable. En carta a José María de Cossío disculpándose por haberlo echado con cajas destempladas cuando le propuso, para salvar su vida, colaborar en la prensa franquista, asumió la indisociabilidad en su obra de ética y estética: «Somos amigos, tenemos que recuperar la amistad, pero yo voy a seguir siendo fiel a mis ideas, siendo quien soy».
Para Miguel Hernández, la poesía era un oficio. Quería ganarse la vida escribiendo versos. Llegó a la edad adulta en un momento apasionante de la Historia de España y encontró en sí mismo recursos que hubieran permanecido dormidos en otras circunstancias. Resulta impresionante constatar en su biografía la firme e irrenunciable determinación de rubricar la dignidad del oficio de poeta apostando su propia vida al mantenimiento de la legitimidad de su obra.
EL MUNDO / AÑO XVI, NÚMERO 437 CRÓNICA DOMINGO 7 DE MARZO DE 2010
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Publicado: 09 Mar 2010 5:00 am
Gracias por el magnifico articulo que has colgado. Confieso que Miguel Hernandez no es 1 de mis poetas favoritos. Me gusta algunos de sus poemas como "EL NINO YUNTERO" y algunos poemas mas,pero,no me han atraido sus poemas.
Sabia que ese "GRAN"amor entre Hernandez y Josefina fue 1 invencion de la prensa,lo que no comprendi ni comprendo hoy porque se caso con ella.
La informacion que tengo (que alguien me rectifique si estoy equivocada) es que a Lorca no le gustaba los comunistas y Miguel Hernandez siempre fue 1 comunista.
Reconozco que Miguel fue 1 heroe y pese a que ya se sabia que la republica habia perdido la guerra,Hernandez siguio al pie del canon. Pero Miguel Hernandez era 1 persona de muy mal genio y odiaba a los espanoles que al ver que la causa republicana estaba perdida entraban en la embajada de Chile para que Pablo Neruda,ayudara a los republicanos a salir de Espana.
Fue delante de Neruda y de otros espanoles cuando Miguel Hernandez le ? al otro comunista poeta Rafael Alberti, Tu tambien te vas a largar de Espana? Alberti contesto que si,la guerra estaba perdida y lo mejor era exiliarse. Hernandez le dio 1 bofeton a Alberti al mismo tiempo que lo llamaba cobarde. El buenazo de Rafael Alberti aguanto el bofeton y no dijo ni pio. Alguien sabe algo de este episodio y puede ampliarlo?
Publicado: 09 Mar 2010 5:15 amTítulo del mensaje: Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta
Cuenta José Luis Ferris en su libro "Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte de un poeta" estas anecdotas:
"¿Está Miguel? Pues échale"
Corría julio de 1936 y Vicente Aleixandre organizaba una despedida (que para muchos sería definitiva) antes de marcharse de vacaciones. A la fiesta estaban invitados "Pablo Neruda, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, Federico García Lorca, Miguel Hernández y Rodríguez Luna".
Según confesaba el propio Aleixandre, Lorca llamó a primeros de julio para decirle que iría, pero al enterarse de que estaba Miguel Hernández dijo que no iría y le pidió que lo echara. Aleixandre no hizo caso y Lorca no sólo no fue, sino que jamás se despediría de Vicente.
"Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta"
La de Hernández contra Lorca no era la única afrenta que el poeta alicantino tenía contra los poetas de ciudad. Miguel, que pasó gran parte de los días en las trincheras, no entendía que Rafael Alberti, María Teresa León y algunos otros, prepararan una fiesta en medio de aquella guerra.
Miguel Hernández irrumpió en el edificio de la Alianza, donde se celebraba una fiesta con el nombre de II Congreso de Intelectuales para la Defensa de la Cultura organizada por la mujer de Alberti, María Teresa León.
Hernández estalló y se acercó a Alberti para decirle: "Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta". El poeta gaditano le animó a que lo dijera en voz alta al resto de asistentes, y Miguel lo que hizo fue escribirlo en una pizarra.
Entonces María Teresa León, que se había tomado las molestias de organizar el sarao, se acercó al poeta de Orihuela y le dio una bofetada que, según cuentan, acabó con Miguel Hernández en el suelo.
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Publicado: 09 Mar 2010 5:33 pm
Gracias "servicio documentacion," ayer,cuando regrese del centro,lei tu mensaje. Cerre el ordenador y busque en algunos libros de vidas de poetas y de la guerra civil espanola todo lo que pude encontrar de Miguel Hernandez. Confieso que no es mucho lo que he encontrado aunque seguire buscando.
Era Miguel Hernandez 1 persona acomplejada por su origen de pastor de cabras?
Odiaba a su padre porque lo obligo a abandonar los estudios para cuidar de las cabras?
Lo unico que he sacado en claro es que el unico intelectual que apoyo a Hernandez fue Vicente Aleixandre,quien despues de muerto Hernandez en la carcel Aleixandre enviaba dinero a su viuda Josefina.
Lo que no he estoy segura es si es cierto que Hernandez odiaba a los poetas andaluces "senoritos," (lease Lorca y Alberti) Parece ser que entre ellos les llamaba (a Hernandez) el poeta pastor. Por otra parte,Hernandez atacaba a Lorca por su hipocresia de no hablar de su homosexualidad y querer ocultarla a sus padres buscandose novias. Esto no le gusto a Lorca porque tambien Vicente Aleixandre hacia lo mismo que Lorca,ocultar su homosexualidad a su familia y Hernandez nunca critico a su "protector" (Aleixandre) como criticaba a Lorca.
Tambien he encontrado que Hernandez siempre llamaba a la filosofa Maria Teresa Leon puta por vivir por 1 tiempo como amante de Alberti pese a que M.T. Leon estaba casada.
Eso de la fiesta, (no he encontrado lo del bofeton de M.T. Leon a Hernandez) creo que fue organizada como tu dices por M.T. Leon que era secretaria de la Alianza de Escritores Antifacistas y segun he leido, organizo esa fiesta "social y cultural" durante la guerra civil,fiesta muy criticada por algunos por celebrarse en 1 tiempo donde ya se sabia que la republica estaba perdida.
Seria interesante que registrad@s o sin registrar de este foro colgara lo que se sepa de ese gran heroe de la guerra civil que fue Miguel Hernandez. No cabe la menor duda que peleo por salvar a la republica hasta cuando ya se sabia que no habia nada que hacer.
Pero, tenia Hernandez ese caracter tan fuerte,mal genio y complejidad de sus origenes pobres hasta el punto de llamar siempre puta a Maria Teresa Leon por convertirse en amante de Alberti?
A mi me gustaria profundizar mas sobre la clase de persona que fue Miguel Hernandez.
Tabien hay algo que me hace pensar mal del poeta Hernandez: ej: cuando fue a Madrid con esperanza de convertirse en 1 poeta famoso, escribio 1 carta a su novia Josefina dando por terminada su relacion amorosa. La conclusion que he sacado (puedo estar equivocada) es que Hernandez se le subio los humos a la cabeza al encontrar a Aleinxandre que siempre creyo en su talento como poeta y le parecio a Miguel que 1 costurera como Josefina no era apropiada para ser la esposa de 1 poeta famoso? Tengo mis dudas y si alguien puede aclararla se lo agradecere.
Nunca comprendi porque Vicente Aleixandre recibio el premio Francisco Franco en 1949.
Assia ese artículo de El Mundo es tendencioso y de un amarillismo que da vergüenza.
Miguel Hernandez nunca renegó de sus orígenes al contrario, si acaso exageró la humildad de los mismos. Al finalizar la guerra se equivocó en no acogerse con Cossio su mentor, para el que trabajó en su obra sobre la tauromaquia. Agradeció pero se marchó a Sevilla donde los señoritos artistas no le quisieron acoger y al cruzar a Portugal la dictadura de Salazar lo entregó a Franco.
Cuando llamó putas e hijos de puta se refería a que se organizara ese sarao estando la gente muriendo y perdiendo la guerra. Alberti y Maria Teresa estaban muy bien colocados en el organigrama comunista, Hernández era de corazón pero no tuvo cargos como la pareja que se benefició durante la república y en el exilio.
Espero tener tiempo para entrar y que podamos debatir de todo que echo de menos nuestras charlas.
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Publicado: 09 Mar 2010 6:12 pm
Gracias -H- por tu aclaracion. Como he dicho se muy poco de Miguel Hernandez. Si, se que los poetas "senoritos" Lorca y Alberti nunca lo acogieron bien. Pero es cierto que Hernandez siempre critico a Lorca por esconder su homosexualidad a sus padres y nunca critico a su protector Aleixandre por la misma razon?
Miguel Hernandez como tu dices fue entregado a Franco por Salazar,pero eso lo deberia haber sabido Hernandez,quizas su error estuvo en abandonar la trinchera republicana demasiado tarde pese a que sabia que la republica habia perdido.
Deseo que tengas tiemp para debatir temas interesantes.