Es un monumento a la Reina Madre. Está en el Mall, a los pies del dedicado a su esposo el rey Jorge VI, fallecido en 1952. Ella mira en direccion a Buckingham, si te sirve de referencia.
Isabel II tiene uno, Letizia merece otro, y mucho más grande, en Madrid y en Oviedo.
Será una soberana magnífica, que le dará mil y una vueltas a Isabel II, a Sofía y a todas las reinas de ahora y del futuro.
Estoy ansiosa para que suba al trono y nos bendiga a todos con su reinado. Convirtió a Felipe, un hombre distante y frío en alguien mucho más cercano al pueblo, ¡seguro que será la reina mejor recordada que jamás tuvo España!
Parece que el reloj biológico no avanza sólo para el común de los mortales, también para aquellos que se relacionan con la realeza. Si en España las Infantas y los Príncipes de Asturias han dotado a la corona española de una vasta descendencia, en Inglaterra Kate Middleton ya está prepara para hacerlo, al menos según los medios británicos.
Tal y como afirma la prensa inglesa, Kate Middleton, de 27 años, está deseando tener un hijo. El problema viene dado por el entrenamiento militar de su pareja, el príncipe Guillermo. Según lo previsto, el hijo mayor del Príncipe Carlos finalizará su preparación dentro de las fuerzas armadas cuando termine el entrenamiento de rescate en helicóptero en 2016.
Para esas fechas Kate tendrá 35 años. La novia del Príncipe, según las fuentes consultadas por los medios británicos, está muy feliz con su relación con Guillermo. Sin embargo, la joven lleva tiempo esperando para vivir bajo el mismo techo que su pareja, y lo que le queda, ya que el entrenamiento militar les mantendrá separados a temporadas intermitentes hasta dentro de siete años.
Según esas mismas fuentes, Middleton es consciente del paso del tiempo y ve como la treintena se acerca. Al parecer la joven está preocupada por los problemas de salud que se derivan de los embarazos tardíos, por lo que le gustaría ser madre antes. Sin embargo, a pesar de sus ganas, tendrá que esperar.
El pasado 18, el Príncipe Felipe de Edimburgo, el hombre que duerme con la Reina Isabel de Inglaterra, estableció una marca histórica en las monarquías europeas: 57 años y 70 días como consorte, superando la de Carlota, esposa del Rey Jorge III, que lo fue de 1761 a 1818.
Las monarquías, de un tiempo a esta parte y gracias a la incorporación, por vía matrimonial, de jóvenes que no pertenecen ni a la realeza ni a la aristocracia, incluso provienen del modesto pueblo, sencillo y soberano, ya no son lo que eran.
Aunque con estas uniones la institución se ha modernizado, vulgarizado o igualado, en algunos casos excesivamente por abajo, sigue manteniendo algunas incoherencias que la hacen medieval, contradictoria e insultantemente discriminatoria.
Lo que más sorprende es que esta discriminación afecte, en algunos casos, a la mujer, que en una sociedad machista siempre ha sido la víctima propiciatoria.
En un solo caso el perjudicado ha sido el hombre, primogénito de la creación, el centro del universo, el Rey de reyes, el representante de Dios en la tierra.
El tema es tan vejatorio, insultante y ofensivo, que cuesta creer que se haya mantenido inalterable a lo largo de los siglos sin que Parlamentos, Senados o las propias monarquías se hayan atrevido a abordar tan hiriente situación.
La monarquía es de por sí socialmente discriminatoria y antidemocrática. Esto, según Talleyrand, no sucedería si una monarquía estuviese gobernada por demócratas.
Lo que no es en modo alguno democrático es que cuando un hombre accede al trono y es coronado, entronizado, proclamado rey, su esposa recibe, automáticamente, el estatus de reina y es coronada, entronizada, proclamada al mismo tiempo que él.
Sin embargo, cuando una mujer es reina su esposo o el hombre con el que contrae matrimonio ¡nunca!, ¡jamás! será rey sino Príncipe. Además, consorte.
En Europa actualmente sólo reinan, como titulares y jefes de Estado, tres mujeres: Isabel II, en Reino Unido; Margarita II, en Dinamarca, y Beatriz, en los Países Bajos. Las dos primeras con sus príncipes consortes, Felipe y Henry, aún vivos; la holandesa, viuda de Claus, un sufridor y desgraciado consorte que no pudo, no supo o no quiso aceptar su delicado, incómodo y hasta humillante papel de ser sólo el hombre… que se acuesta con la reina.
Por ello, el título de esta columna, ni es intencionado, ni gratuito, ni con segundas intenciones, sino una realidad y una lógica histórica que no debe dejarse intimidar cuando visita los siglos. En la lógica nada es casual. Sobre todo cuando la verdad la tiene como base.
Cuando afirmamos que el hombre que se acuesta con la reina, titular y soberana, es el príncipe consorte, estamos afirmando una realidad tan incuestionable como decir que la mujer que yace con el rey titular y soberano suele ser, en este caso, por lo general… la reina.
No obstante, el protagonista de nuestra columna es simple y sencillamente el hombre que ha aceptado ser menos que la mujer, está por debajo de la mujer, representa menos que la mujer y permanece siempre, hasta la muerte, a la sombra de la mujer. Viviendo a cuerpo de rey, sin serlo; sin llevar el apellido de la reina. Sólo ha servido para depositar, en la vagina de la soberana, el semen como un ser intermediario entre la institución y su carácter dinástico y la que es su esposa, su mujer.
Es la única aportación al matrimonio, como ha reconocido con sarcasmo, la más fuerte expresión del dolor, nuestro protagonista, el Príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de Isabel II del Reino Unido.
Personalmente prefiero al hombre que ama a una reina (casos ha habido), en lugar de a una reina que necesita a un hombre para perpetuar su dinastía (lo más frecuente).
Ésta es la historia de la dramática existencia, llena de renuncias y de aceptaciones, a veces humillante, de los consortes reales, esos hombres a los que sólo se mira con respeto, y hasta con simpatía, el día en el que, con el nacimiento del heredero, garantizan la línea sucesoria y la continuidad de la monarquía. Si ese heredero es varón, ellos se convierten en “reyes por un día”.
Desgraciadamente, luego se ven obligados a aceptar que ese hijo, el Príncipe heredero, esté, en el protocolo, por encima del consorte, que se da la circunstancia de que se trata de su padre.
Uno de estos consortes, el Príncipe Henrik de Dinamarca, llegó a protagonizar una sonora huída de palacio, hacia su país de origen, Francia, porque se sentía humillado, desplazado y “peor tratado que un gato”, en propia expresión.
Como broche de oro, la historia de la consorte por excelencia, que, a diferencia de los consortes varones, que nunca pasarán de ahí, podrán convertirse, en un futuro, si las circunstancias y los hados le son propicios, en la mujer que tenga todo el derecho y el privilegio canónico de acostarse con el rey, como esposa… y como reina.
Como Doña Sofía con Don Juan Carlos… y in illo tempore.
Registrado: 08 Dec 2008 Mensajes: 2334 Promedio por Día: 3.9 Ubicación: melbourne
Mujer
Estado: Desconectado
Publicado: 22 Apr 2009 3:54 am
El principal cabo suelto de ese asesinato esta bien unido.Por que el testigo visual,el escolta que sobrevivio al mal llamado accidente no recupera su permanente amnesia? El pobre no solo perdio perpetuamente la memoria; ha perdido tambien la lengua y se niega a hablar de lo poco que recuerde pese a grandes ofertas de dinero que le han hecho para que hable.
Funcionarios de la policía destinados en el palacio de Buckingham, se dedicaban en horas nocturnas en lugar de vigilar el palacio frente a eventuales intrusos, a realizar apuestas, vender pornografía, emborracharse y comerciar con esteroides, además de posar en el trono real.
LD (EFE) Los funcionarios en cuestión introdujeron en varias ocasiones a sus amigos en fiestas de palacio a las que no habían sido invitados y les permitieron dejar sus vehículos en los aparcamientos de palacio durante sus visitas a Londres, según informa The Daily Telegraph.
Esas y otras sorprendentes acusaciones se han escuchado en el juicio que se sigue contra Paul Page, un ex guardián de seguridad de la Reina, acusado de fraude y de amenazas de muerte relacionadas con una compañía inmobiliaria fantasma que servía de tapadera de una operación de apuestas.
El abogado de Page, John Cooper, preguntó al sargento McGregor si era cierto que había posado en los tronos de la Reina y de su esposo, el duque de Edimburgo. "¿Considera un hecho grave el que funcionarios de la policía como usted, dedicados a la protección real, pudieran acceder a los tronos de la Reina y del príncipe Felipe, se sentaran en ellos con los pies en alto y haciendo gestos cómicos con los dedos para que les fotografiasen?", le preguntó el abogado.
El jurado escuchó como en sus tratos con Page, el sargento McGregor consiguió introducir en las fiestas de palacio a inversores a los que se daba un número de teléfono móvil de un policía por si hubiese algún problema. El sargento negó tener conocimiento de esas actividades y también que los guardias de seguridad manejasen armas de fuego en estado de embriaguez y se dedicasen a vender pornografía entre ellos.
El principal encausado en el juicio es Paul Page, al que se acusa de haber creado una compañía pantalla tras sufrir pérdidas importantes con un sistema de apuestas que funcionaba tanto en el palacio de Buckingham como en el de St James's y en una comisaría. Page, de 38 años, niega las acusaciones de fraude, intimidación y amenaza de muerte, mientras que su esposa, Laure Page, de 42 años, también rechaza haber propiciado ese tipo de actividades ilegales.
Isabel II de Inglaterra se quedó sin poder ocupar el palco real del hipódromo porque había sido alquilado a otras personas por los organizadores de la carrera de caballos de Newbury. Como consecuencia, Isabel II se vio materialmente "expulsada de su propio palco y tuvo que sufrir la ignominia de pasar el día en el de los invitados", según cuenta el Daily Telegraph. El palco real lo había alquilado John Finch, un agente de seguros que celebraba su 60 cumpleaños con su esposa, Sheila, y que había pagado más de 11.000 euros para ver correr a su caballo. "Lo alquilé en julio del año pasado, así que no iba a perderme la ocasión", explicó Finch, cuya esposa dijo de la reina: "No le presté demasiada atención porque estar allí nos había costado mucho dinero".