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[quote="Interview"][img]http://img697.imageshack.us/img697/7852/87136456.jpg[/img] [size=18]Vasos vacíos[/size] [i]Entrevista de Sean Penn a Charles Bukowski en 1987 para la revista Interview[/i] POR SEAN PENN Charles Bukowski nació en Andernach, Alemania, en 1920. A los tres años de edad llegó a los Estados Unidos y creció en Los Angeles. Actualmente reside en San Pedro, California, con su esposa, Linda. Famoso borracho, peleador y mujeriego, Genet y Sartre lo llamaron “el mejor poeta de los Estados Unidos”, pero sus amigos lo llaman Hank. [b]Bares:[/b]“Ya no voy mucho a bares. Saqué eso de mi sistema. Ahora, cuando entro a un bar, siento náuseas. Estuve en demasiados, es apabullante. Son para cuando uno es más joven: todo eso de irse a las manos con un tipo, hacerse el macho, levantarse minas. A mi edad, ya no lo necesito. Hoy sólo entro a los bares para mear. A veces cruzo la puerta y empiezo a vomitar”. [b]El alcohol:[/b] “El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado. Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido ser más libre en la cama. Es una liberación porque básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas atrevidas... Entonces el alcohol me gusta, cómo no”. [b]Fumar:[/b] “Me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Yo solía despertarme de una borrachera y había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas, casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me preguntaba: ‘¡Mierda! ¿Cómo se verán mis pulmones?’”. [b]Pelear:[/b] “La mejor sensación es cuando golpeás a un tipo que no se supone que puedas golpear. Una vez me metí con un tipo, me estaba insultando. Le dije: ‘Bueno, adelante’. No tuve ningún problema, le gané la pelea fácilmente. Estaba tirado en el piso. Tenía la nariz ensangrentada. Me dijo: ‘Jesús, te movés siempre tan lentamente que pensé que serías fácil. Y cuando empezó la condenada pelea, ya no podía ver tus manos, te volviste tan rápido. ¿Qué pasó?’. Le dije: ‘No sé, hombre. Así son las cosas. Uno ahorra para cuando tiene que usarlo’”. [hide=seguir leyendo] [b]Los gatos:[/b] “Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores. Cuantos más gatos uno tenga, más tiempo vivirá. Si tenés cien gatos, vivirás diez veces más que si tenés diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo”. [b]Las mujeres y el sexo:[/b] “Yo las llamo máquinas de quejarse. Las cosas con un tipo nunca están bien para ellas. Y cuando me tiran toda esa histeria... Tengo que salir, agarrar el auto e irme. A cualquier parte. Tomar una taza de café en algún lado. En cualquier lado. Cualquier cosa menos otra mujer. Supongo que están construidas de diferente manera, ¿no? Cuando la histeria empieza, se acaba todo. Uno se tiene que ir, ellas no entienden por qué. ‘¿Adónde vas?’, te gritan. ‘¡Me voy a la mierda, nena!’. Piensan que soy un misógino, pero no es verdad. Es puro boca a boca. Escuchan que Bukowski es ‘un cerdo macho chauvinista’, pero no chequean la fuente. Seguro, a veces pinto una mala imagen de las mujeres en mis cuentos, pero con los hombres hago lo mismo. Incluso yo salgo mal parado muchas veces. Si realmente pienso que algo es malo, digo que es malo, sea hombre, mujer, niño o perro. Las mujeres son tan quisquillosas, piensan que me las agarro con ellas en particular. Ése es su problema”. [b]La primera vez:[/b] “Mi primera vez fue la más rara. No sabía cómo hacerlo, y ella me enseñó a chuparle la concha y todas esas cosas de coger. Me acuerdo de que me decía: ‘Hank, sos un buen escritor, pero no sabés una mierda sobre las mujeres’. ‘¿Qué querés decir? Estuve con un montón de mujeres.’ ‘No, no sabés nada. Dejame enseñarte algunas cosas.’ Le dije que bueno y ella: ‘Sos buen estudiante, entendés rápido’. Eso fue todo. (Está un poco avergonzado. No por los detalles sino por el sentimentalismo del recuerdo.) Pero todo ese asunto de chupar conchas se puede poner un poco servil. Me gusta hacerlas gozar, pero... Todo está sobrevalorado. El sexo sólo es una gran cosa cuando no lo hacés”. [b]El sexo antes del sida (y su casamiento):[/b]“Yo nada más entraba y salía de entre las sábanas. No sé, era como un trance, un trance de coger. Y las mujeres... uno les decía algo, las tomaba de la muñeca, ‘vamos, nena’, las guiaba hasta el dormitorio y se las cogía. Cuando uno entra en el ritmo, sigue adelante. Hay un montón de mujeres solitarias allá afuera. Son lindas, pero no se saben conectar. Están sentadas solas, van al trabajo, vuelven a la casa... es algo maravilloso para ellas que un tipo se les aparezca. Y si se sienta cerca, bebe y habla, es entretenimiento. Estuvo bien, tuve suerte. Las mujeres modernas... no te cosen los botones”. [b]Escribir:[/b] “Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy fotografiando la vida’. Me metí en problemas con montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas venden libros. Pero, en última instancia, escribo para mí. (Da una larga pitada a su cigarrillo.) Es así. La pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De noche es cuando se sacan los trucos de la manga... la magia”. [b]La poesía:[/b] “Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la palabra ‘poeta’ o ‘poesía’, todos los pendejos se reían y se burlaban. Puedo ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y endogámico por siglos. Es ultradelicado, sobreapreciado. Es un montón de mierda. Durante siglos, la poesía es casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes poetas, no me entienda mal. Hay un poeta chino llamado Li Po. Podía poner más sentimiento, realismo y pasión en cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía vino también. Solía quemar sus poemas, navegar por el río y beber vino. Los emperadores lo amaban porque podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó sus poemas malos. Lo que yo quise hacer, si me disculpa, es incorporar el punto de vista de los obreros sobre la vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la existencia del hombre común... algo que pocas veces se menciona en la poesía desde hace siglos. Mejor, que quede registrado que dije que la poesía es una mierda desde hace siglos. Y una vergüenza”. [b]Céline:[/b] “La primera vez que leí a Céline, me fui a la cama con una caja grande de galletitas Ritz. Empecé a leerle y me comía una galletita Ritz, me reía, me comía una Ritz, leía. Leí la novela entera de un tirón y me terminé la caja de galletitas. Y me levanté y tomé agua. Tendrías que haberme visto. No me podía mover. Eso es lo que un buen escritor te puede hacer. Casi te puede matar. Un mal escritor puede hacerlo, también”. Shakespeare: “Es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio proceso de pensamiento. Me desagradan”. [b]Su material de lectura favorito:[/b] “Leí en el The National Enquirer una nota titulada ‘¿Es su marido homosexual?’. Linda me dijo: ‘¡Tenés voz de puto!’. Yo dije: ‘Oh, sí, siempre me lo pregunté’. Ese artículo decía: ‘¿Su marido se depila las cejas?’. Y yo pensé, mierda, lo hago todo el tiempo. Ahora sé lo que soy. Me depilo las cejas, soy un puto. Es muy amable de parte de The National Enquirer decirme lo que soy”. [b]El humor y la muerte:[/b] “El último gran humorista era un tipo llamado James Thurber. Pero su humor era tan magnífico que tuvieron que ignorarlo. Este tipo era, podría decirse, un psiquiatra de las edades. Tenía algo ambiguo, hombre-mujer, veía cosas. Era sanador. Su humor era tan real que uno gritaba de risa, era como una liberación frenética. Aparte de Thurber, no puedo pensar en nadie... Yo tengo algo de humorista, pero no como él. No llamo humor a lo que tengo, lo llamo un ‘filo cómico’. Estoy colgado en eso. Casi todo lo que pasa es ridículo. Cagamos todos los días. Eso es ridículo, ¿no te parece? Tenemos que seguir meando, poniendo comida en nuestras bocas, nos sale cera de los oídos. Tenemos que rascarnos. Cosas feas y tontas, ¿o no? Las tetas no sirven para nada, salvo...”. [b]Nosotros:[/b] “La verdad es que somos monstruosidades. Si pudiéramos vernos, podríamos amarnos, darnos cuenta de lo ridículos que somos, con nuestros intestinos retorcidos por los que se desliza lentamente la mierda mientras nos miramos a los ojos y decimos: ‘Te amo’. Nos carbonizamos y producimos mierda, pero no nos tiramos pedos cerca del otro. Todo tiene un filo cómico”. [b]Ganar:[/b] “Y después nos morimos. Pero la muerte no nos ha ganado. No ha mostrado ninguna credencial. Nosotros hemos mostrado todas las credenciales. Con el nacimiento, ¿nos ganamos la vida? No realmente, pero de seguro la hija de puta nos tiene atrapados... La muerte me provoca resentimiento, la vida también, y mucho más estar atrapado entre las dos. ¿Sabés cuantas veces intenté suicidarme? Dame tiempo, sólo tengo 66 años. Sigo trabajando en eso. Cuando uno tiene tendencias suicidas, nada lo molesta, excepto perder en las carreras de caballos. ¿Por qué será? A lo mejor porque uno usa su mente en las carreras, no su corazón. Pero nunca cabalgué. No estoy muy interesado en el caballo sino en el proceso de acertar o no, selectivamente”. [b]Las carreras:[/b] “Traté de ganarme la vida con las carreras por un tiempo. Es doloroso. Es vigorizante. Todo está al límite, el alquiler, todo. Pero uno tiende a ser cuidadoso. Una vez estaba sentado en una curva. Había doce caballos en la carrera y estaban todos amontonados. Parecía un gran ataque. Todo lo que veía era esos grandes culos de caballo subiendo y bajando. Parecían salvajes. Miré esos culos de caballos y pensé: ‘Esto es una locura total’. Pero hay otros días en los que ganás cuatrocientos o quinientos dólares, ganás ocho o nueve carreras al hilo, y te sentís Dios, como si lo supieras todo. Y todo queda en su lugar”. [b]La gente:[/b] “No miro mucho a la gente. Es perturbador. Dicen que si mirás mucho a otra persona, te empezás a parecer a ella. Pobre Linda. La mayoría de las veces me la puedo pasar sin la gente. La gente no me llena, me vacía. No respeto a nadie. Tengo un problema en ese sentido. Estoy mintiendo pero, creeme, es verdad”. [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=oJXezqdB3Iw[/youtube] [b]La fama:[/b] “Es destructora. Es una puta, una perra, la destructora más grande de todos los tiempos. A mí me tocó la mejor parte porque soy famoso en Europa y desconocido aquí, en Estados Unidos. Soy uno de los hombres más afortunados. La fama es terrible. Es una media en una escala del denominador común, la meten trabajando a un nivel bajo. No tiene valor. Una audiencia selecta es mucho mejor”. [b]La soledad:[/b] “Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero nunca pensé que una persona podía entrar a una habitación y curarme. Ni varias personas. En otras palabras, la soledad no es algo que me molesta porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca pensé: ‘Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y vamos a garchar, y me va a frotar las bolas, y me voy a sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. Viste cómo piensa la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre ellos. Nunca tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me escondía en bares porque no quería esconderme en fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones, pero nunca me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo. Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo encontrar”. [b]El tiempo libre:[/b] “Es muy importante tener tiempo libre. Hay que parar por completo y no hacer nada por largos períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una ama de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas en las que no hacés nada. Uno se tira en una cama a mirar el techo. Hacer nada es muy, muy importante. ¿Y cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca. Por eso la mayoría está totalmente loca, frustrada, enojada y odiosa. Antes de casarme, o de conocer a muchas mujeres, bajaba las cortinas y me metía en la cama por tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y para comer una lata de porotos. Después me vestía y salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería recargada. Pero, ¿sabés qué me tiraba abajo? El primer rostro humano que veía en la vereda. Esa cara nomás me hacía perder la mitad de la carga. Esta cara monstruosa, sin expresión, tonta, sin sentimientos, cargada de capitalismo. Pero aún así valía la pena, me quedaba la mitad de la carga todavía. Por eso el tiempo libre es importante. Y no digo tomarse tiempo para tener pensamientos profundos. Hablo de no pensar en absoluto. Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno mismo. Sólo ser un haragán. Es hermoso”. [b]La belleza:[/b] “No existe algo como la belleza, especialmente en un rostro humano, eso que llamamos fisonomía. Todo es un imaginado y matemático alineamiento de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no sobresale mucho, si los costados están bien, si las orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es demasiado largo. Es una mirada generalizadora. La gente piensa que ciertos rostros son hermosos, pero, realmente, no lo son. La verdadera belleza, por supuesto, viene de la personalidad. No tiene nada que ver con la forma de las cejas. Me dicen de tantas mujeres que son hermosas... pero cuando las veo, es como mirar un plato de sopa”. [b]La fealdad:[/b] “No existe. Hay algo llamado deformidad, pero la simple fealdad no existe. He dicho”. [b]Érase una vez:[/b] “Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre intentando ser escritor en Nueva York. No había comido en tres o cuatro días. Así que finalmente dije: ‘Me voy a comer una gran bolsa de pochoclo’. Cada grano era como un churrasco. Tragaba y echaba pochoclo a mi estómago que decía ‘¡Gracias, gracias!’. Estaba en el paraíso, caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado y uno le dijo al otro: ‘¡Jesús!’. El otro dijo: ‘¿Qué pasa?’ ‘¿Viste a ese tipo comiendo pochoclo? Dios, era horrible.’ Así que no pude disfrutar el resto del pochoclo. Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era horrible’. Yo estaba en el paraíso. Supongo que era un poco cochino. Ellos siempre pueden distinguir a un tipo hecho mierda”. [b]La prensa:[/b] “Disfruto las cosas malas que se dicen sobre mí. Aumenta la venta de libros y me hace sentir malvado. No me gusta sentirme bien porque soy bueno. ¿Pero malo? Sí. Me da otra dimensión. Me gusta ser atacado. ‘¡Bukowski es desagradable!’ Eso me hace reír, me gusta. ‘¡Es un escritor desastroso!’ Sonrío más. Me alimento de eso. Pero cuando un tipo me dice que dan un texto mío como material de lectura en una universidad, me quedo boquiabierto. No sé, me aterra ser demasiado aceptado. Siento que hice algo mal”. [b]El dedo:[/b] (Levanta el dedo meñique de su mano izquierda) “¿Viste alguna vez este dedo? (El dedo parece paralizado en una forma de “L”). Me lo rompí una noche, borracho. No sé por qué, pero nunca se acomodó. Pero funciona perfecto para la letra ‘a’ de la máquina de escribir, y qué demonios, le agrega algo a mi personaje”. [b]La valentía:[/b] “A la mayoría de la gente supuestamente valiente le falta imaginación. Es como si no pudieran concebir lo que sucedería si algo saliera mal. Los verdaderos valientes vencen a su imaginación y hacen lo que deben hacer”. [b]El miedo:[/b] “No sé nada sobre eso”. (Se ríe.) [b]La violencia:[/b] “Creo que, la mayoría de las veces, la violencia es malinterpretada. Hace falta cierta violencia. En nosotros hay una energía que necesita ser sacada. Creo que si esa energía es contenida, nos volvemos locos. La paz última que todos deseamos no es un área deseable. De alguna manera, no estamos destinados a eso. Por eso me gusta ver peleas de boxeo, y por eso yo mismo las protagonizaba en mi juventud. A veces se llama violencia a la expulsión de energía con honor. Hay locura interesante y locura desagradable. Hay buenas y malas formas de violencia. Es un término vago. Está bien si no se hace a expensas de otros”. [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=g8KJiay6EI0[/youtube] [b]El dolor físico:[/b] “Con el tiempo uno se endurece, aguanta el dolor físico. Cuando estaba en el Hospital General, un tipo entró y dijo: ‘Nunca vi a nadie aguantar la aguja con tanta frialdad’. Eso no es valentía. Si uno aguanta suficiente dolor, uno cede. Es un proceso, un ajuste. Pero no hay forma de acostumbrarse al dolor mental. Me mantengo lejos de él”. [b]La psiquiatría:[/b] “¿Qué consiguen los pacientes psiquiátricos? Una cuenta. Creo que el problema entre un psiquiatra y su paciente es que el psiquiatra actúa de acuerdo al libro, mientras que el paciente llega por lo que la vida le ha hecho. Y aunque el libro pueda tener cierta perspicacia, las páginas siempre son las mismas y cada paciente es diferente. Hay muchos más problemas individuales que páginas. Hay demasiada gente loca como para resolverlo diciendo: ‘Tantos dólares por hora, cuando suena el timbre terminamos’. Eso sólo puede llevar a una persona un poco loca a la locura total. Recién empiezan a abrirse y a sentirse bien cuando el psiquiatra dice: ‘Enfermera, arregle la próxima cita’. Todo es asquerosamente mundano. El tipo está ahí para quedarse con tu culo, no para curarte. Quiere tu dinero. Cuando suena el timbre, que entre el siguiente loco. Ahora, el loco sensible se va a dar cuenta de que cuando el timbre suena, significa que lo cagaron. No hay límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he visto parecen estar al límite ellos mismos, además. Pero están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”. [b]La fe:[/b] “La fe está bien para los que la tienen. Mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi plomero que en el ser eterno. Los plomeros hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya”. [b]El cinismo:[/b] “Siempre me acusaron de cínico. Creo que el cinismo es una uva amarga. Es una debilidad. Es decir: ‘¡Todo está mal! ¿Entendés? ¡Esto no está bien! ¡Aquello no está bien!’. El cinismo es la debilidad que evita que nos ajustemos a lo que ocurre en el momento. El optimismo también es una debilidad. ‘El sol brilla, los pájaros cantan, sonríe.’ Eso es mierda también. La verdad está en algún lugar entre los dos. Lo que es, es. Si no estás listo para soportarlo, joderse”. [b]La moralidad convencional:[/b] “Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan pueden crearlo. Pienso que la gente está sobredomesticada. Uno tiene que averiguar lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un término extraño aquí: el bien. No sé de dónde viene, pero siento que hay un básico rasgo de bondad en cada uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en esta ‘bondad’, como un tubo dentro de nuestros cuerpos. Puede ser alimentada. Siempre es mágica, por ejemplo cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un extraño hace lugar para que alguien pueda cambiar de mano... es esperanzador”. [b]Sobre ser entrevistado:[/b] “Es como ser arrinconado. Es vergonzoso. Por eso, no siempre digo toda la verdad. Me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que si quieren saber algo sobre mí, no lean una entrevista. Ignoren ésta, también”.[/hide][/quote]
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Mensaje
a propósito de Borges
Publicado: 09 Sep 2010 5:29 pm
Título del mensaje
:
A propósito de Borges
¿Existió alguna vez Jorge Luis Borges o fue la invención de un escritor erudito que también se apellidaba Borges? El programa Archivos Antología disecciona las metáforas y temas de la obra del escritor Jorge Luis Borges para descubrir al otro Borges, de la mano del también escritor Blas Matamoro.
Atticus
Publicado: 06 Jul 2010 12:07 am
Título del mensaje
:
DESAPARECIDA TRAS «MATAR A UN RUISEÑOR»
HARPER LEE, la amiga de Truman Capote, la autora de la mítica novela llevada al cine con Gregory Peck como protagonista, celebra el 50 aniversario de su libro como siempre: en silencio. A sus 84 años, vive alejada del mundanal ruido en su pueblo de Alabama junto a su hermana, sin hacer nada salvo «dar de comer a los patos»
PILAR PARRA
M
uchas gracias por los bombones, pero recuerde que sólo vamos a dar de comer a los patos», fueron las únicas palabras que una periodista del Mail on Sunday (suplemento dominical del Daily Mail) pudo sacar en limpio de Harper Lee, con motivo del 50º aniversario de Matar a un ruiseñor, una de las novelas de más éxito de la Historia. La autora, recluida desde hace años (tantos como tiene la novela) rompió (un poco) su silencio. Sólo puso una condición: que no se mencionase la novela con la que obtuvo el premio Pulitzer (1961), y de cuya publicación se cumple medio siglo.
Harper Lee no hacía declaraciones desde que concediera, para sorpresa de todos, una entrevista al New York Times, en 2006, con motivo de la entrega de unos premios literarios, relacionados con su obra, en la Universidad de Alabama. Retirada de la vida pública —y literaria— no volvió a publicar más libros, tan sólo algunos ensayos en revistas como Harper’s Bazaar y O.
En Monroeville, Estado sureño de Alabama, no se habla de otra cosa. Todo está a punto para que dentro de una semana, el 11 de julio, se celebre por todo lo alto el 50º aniversario de Matar a un ruiseñor, la novela que catapultó a la fama a su autora, Harper Lee, quien nació en esta pequeña ciudad de apenas 30.000 habitantes y la convirtió en escenario de su historia, la ficticia Maycomb. Pero la homenajeada, como era de esperar, no asistirá a ningún evento. En estos actos se incluye la publicación de cuatro ediciones especiales del libro, que lleva vendidos más de 40 millones de copias en todo el mundo y ha sido traducido a más de 20 idiomas, según datos del editor. Desde entonces, la autora ha llevado una vida privada lejos de los focos. Hasta hace unos días.
Ni siquiera hizo una pequeña concesión cuando, este mismo año, se estrenaron dos películas sobre Truman Capote donde sale ampliamente reflejada y donde se ve claramente el papel que jugó en la vida del escritor.
La escritora (vestida, según la información recogida por el Mail on Sunday) con una «camiseta limpia pero raída y unos pantalones de algodón barato») se limitó a dar las gracias a la periodista por el detalle de la caja de bombones, para después advertirle de que no iban a hablar de la novela. «Pero llámame la próxima vez que vengas, tenemos una historia muy interesante y seguro que disfrutarías», dice en alusión a su ciudad. La periodista no daba crédito de su suerte, se fue encantada de Monroeville por haber conseguido la exclusiva de su vida, entrevistar a Harper Lee. Y no es para menos. Hacía poco que Lee había rechazado una entrevista con la mismísima Oprah Winfrey, la presentadora más influyente del planeta, según Forbes, la reina de los talk shows en Estados Unidos, que ganó en los últimos meses —según la citada revista económica— la friolera de 255 millones de euros.
Harper vive en Monroeville con su hermana Alice Lee, en una casa tan modesta que parece de protección oficial. Lleva una vida tranquila y excesivamente austera teniendo en cuenta que, aunque nunca más volvió a publicar un libro, 50 años después, la novela se ha convertido, prácticamente, en una industria. Matar a un ruiseñor es una de los títulos más exitosas de todos los tiempos y, cada año, sigue vendiendo un millón de ejemplares.
De vez en cuando algún vecino las ve haciendo la compra, pero son muy respetuosos con ellas. Adoran a su «hija predilecta» porque, como ellos bien saben, gracias al éxito de Matar a un ruiseñor, la ciudad se ha convertido en un destino turístico. Recibe al año más de 30.000 visitantes que desean conocer el lugar donde se desarrolla la mítica novela y también donde pasó su infancia Truman Capote.
Pero la Maycomb de hoy nada tiene que ver con la que describe Lee en Matar a un ruiseñor. Es una ciudad dormitorio, a 12 kilómetros de Pittsburg, tiene numerosos barrios residenciales y cuenta con una zona comercial muy activa.
Harper Lee regresó a Monroeville tras vivir largos años en Nueva York, de donde se fue por motivos de salud: empezó a beber en exceso (Shields, su biógrafo, dice que «nunca fue alcohólica, aunque sí bebía mucho») para aplacar su timidez pero, sobre todo, porque se sentía sola. Algunos amigos murieron, otros como Truman Capote se alejaron (Capote nunca llevó bien el éxito de su amiga). La escritora sigue teniendo allí un apartamento, donde va de vez en cuando.
A pesar de los años —tiene 84— su aspecto es bueno. Es una mujer anciana, de pelo canoso, viste deportivamente (con pantalones, camisetas y zapatillas), es risueña, educada, amable y nada excéntrica. Mantiene el mismo corte de pelo de siempre—el que llevaba también su alter ego, Scout, en la versión cinematográfica de la novela— y que le da cierto aspecto masculino. Nunca se casó. De acuerdo con el biógrafo Charles J. Shields, «de niña Harper Lee parecía un muchacho rebelde, siempre se estaba peleando en el patio, hablaba detrás de los maestros, era inconformista y se aburría considerablemente en la escuela, hasta que apareció una profesora, de nombre Gladis Watson Burkett, que le enseñó a amar la literatura y a escribir correctamente».
Harper Lee sigue sin asumir el éxito «repentino e inesperado» de Matar a un ruiseñor. Se le escapó de las manos y la llevó a desaparecer de la escena pública «como si se la hubiera tragado la tierra». (Lee confesó, en cierta ocasión, que sentía curiosidad e incluso se identificaba con uno de los personajes de la novela, Boo Radley, porque pasa años y años sin salir de su casa simplemente «porque no quiere salir»).
Comenzó para ella una vida totalmente diferente a la de su amigo de infancia en Monroeville, Truman Capote, que optó por llevar una vida excéntrica y paranoica. Capote, del que luego se distanciaría hasta perder todo contacto, pidió ayuda a su amiga para la investigación criminal sobre los asesinatos de la familia Clutter, que luego plasmaría en A sangre fría. Pero eso es otro cantar.
LA FAMA LA SUPERA
Según Charles J. Shields, Lee «no estaba preparada para las numerosas atenciones asociadas con la escritura de un bestseller». (La novela estuvo 88 semanas en las listas de éxito). Y mucho menos para conseguir el Pulitzer. Por si esto fuera poco dos años después su popularidad se amplió aún más gracias a la versión cinematográfica de Robert Mulligan y a la maravillosa interpretación de Gregory Peck, en el papel del abogado Atticus Finch, que mereció un Oscar. Por circunstancias similares puede decirse que Harper Lee está, junto al recientemente fallecido J. D. Salinger (autor de la también exitosa novela El guardián entre el centeno) y Thomas Pynchon, entre los autores desaparecidos más famosos de la literatura. El éxito les hizo invisibles.
CELOS.
Harper Lee y Truman Capote fueron amigos y rivales.
●Nació en la pequeña localidad de Monroeville, Alabama, el 28 de abril de 1926. ● Es autora de una única novela, «Matar a unruiseñor», ganadora del Pulitzer en 1961. ● Mientras escribía su novela, se ganaba la vida trabajando en las oficinas de una compañía aérea, en Nueva York. ● Era, al igual que el protagonista de su libro, hija de un abogado que defendía a los negros.
Durante décadas ha estado callada, salvo en contadas ocasiones. En 1964, cuando el éxito de la novela era aún reciente, declaró al autor Roy Newquist que nunca esperó ningún tipo de éxito con Matar a un ruiseñor. «Fue como si me golpearan en la cabeza y me quedara helada. Nunca esperé que el libro fuera a venderse tanto. Esperaba que los críticos lo sometieran a una muerte rápida y misericordiosa, aunque al mismo tiempo esperaba que alguien le gustara lo suficiente como para darme ánimos. Esperaba muy poco y me han dado muchísimo y en cierta manera ha sido tan espantoso como la muerte rápida y misericordiosa que esperaba».
Matar a un ruiseñor es un alegato contra el racismo. A través de la inocente e inteligente mirada de una niña, Scout, que cuenta cómo crece en un aburrido y aislado pueblo sureño de Alabama, Maycomb, donde la hipocresía de sus habitantes condena a un negro acusado de haber violado a una adolescente blanca, cuando la evidencia dice lo contrario. El padre de Harper Lee era abogado y, parece ser que antes de que acabara la carrera defendió a dos hombres negros acusados de robar a un tendero blanco. Sin embargo, ambos clientes, padre e hijo, fueron colgados. «Creo que con este libro Lee ayudó a liberar a los blancos», señala Thomas Brokaw, un periodista veterano estadounidense de la NBC en el libro publicado recientemente en el mercado americano,
Scout, Atticus and Boo: A Celebration of Fifty Years of To Kill a Mockingbird, de Mary McDonagh Murphy.
El libro se acompaña de un documental, en el que Alice Lee habla de que la causa del «retiro voluntario de su hermana» se debe al descontento de la escritora por «las pocos precisas declaraciones que algunos periodistas hicieron, hace años, de sus palabras». En resumidas cuentas, que interpretaron mal sus palabras o que, sencillamente, se tergiversaron.
Una de sus últimas apariciones públicas fue el 16 de noviembre de 2007, en la Casa Blanca. George Bush le hizo entrega de la Medalla de la Libertad, el máximo galardón que puede recibir un civil en Norteamérica. Lee obtuvo dicha medalla en reconocimiento «a su sobresaliente contribución a la tradición literaria de América» en palabras del entonces presidente. (El libro es lectura obligada en la mayoría de los colegios del país). «En un momento crítico de nuestra historia, su bello libro Matar a un ruiseñor ayudó a nuestra nación a centrarse en la turbulenta lucha por la igualdad». De los ocho galardonados Harper Lee fue la más ovacionada.
Las únicas personas a las que Harper Lee se enfrenta sin ningún problema es con los jóvenes estudiantes, muchos de ellos futuros escritores. Desde hace casi una década, en la Universidad de Alabama se convoca un concurso de ensayos sobre Matar a un ruiseñor, a cuya entrega de premios suele asistir la escritora. Aunque no siempre.
Lee se siente muy agradecida por el cariño y respeto que tienen los estudiantes a su obra y a su persona pero, sobre todo, a las interpretaciones que hacen sobre ella. The New York Times contaba que la señora Lee está impresionada por la visión que los jóvenes aportan a la obra. «Ellos siempre ven cosas nuevas», añadió. «Y la forma en que se relacionan con los personajes de la novela es realmente increíble». En un ensayo de hace unos años una chica comparó el juicio a Tom Robinson, el hombre de color injustamente acusado a una chica blanca, con el asesinato en 1999 de Billy Jack Gaither, un joven de Sylacauga al que mataron por ser homosexual. En una de estas entregas de premios se le acercó a Harper Lee con una copia en tapa dura de Matar a un ruiseñor, diciéndole que su nombre era Harper. «Bueno, ése es mi nombre también», respondió. A veces se cruza con alguien que afirma saber dónde vivía Boo Radley. «Una vez se me acercó una chica que me dijo: “Boo Radley vive al otro lado de la calle de mis abuelos”». La escritora no supo contestar a eso.
En su momento, los lectores de Harper Lee esperaron con ansiedad una segunda novela, pero esta nunca llegó. Años más tarde la escritora comenzó a recabar notas para un libro similar al de A sangre fría, de Truman Capote. Esta vez el suceso ocurrió en la ciudad de Alexander, en Alabama. Un empleado de una agencia de seguros fue acusado de asesinar a cinco personas para quedarse con el dinero de sus seguros de vida. Un tiempo después fue, a su vez, asesinado por un familiar de una de las víctimas. Sin embargo, en los años 90 desistió del proyecto.
Quién sabe si Harper Lee tiene una carta en la manga y en algún momento nos sorprende con una nueva novela. A saber.
EL MUNDO / AÑO XVI, NÚMERO 437
CRÓNICA
DOMINGO 4 DE JULIO DE 2010
Matar a un ruiseñor
Una herencia marcada
Publicado: 04 Jul 2010 12:55 am
Título del mensaje
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El teniente coronel de las SS Arthur Liebehenschel, jefe del campo de Auschwitz.
REPORTAJE: UNA HERENCIA MARCADA
Papá mandaba en Auschwitz
La hija del teniente coronel de las SS Arthur Liebehenschel explica su lucha con la memoria atroz de su padre, comandante del campo
Todo padre guarda secretos capaces de desazonar a sus hijos. Pero lo que descubrió Barbara Ursula Cherish del suyo no admite comparación. Su progenitor, del que conservaba una única fotografía, en uniforme -negro y con calavera en la gorra-, desde que de niña fue separada de su familia alemana y dada en adopción a un matrimonio estadounidense, era oficial de las SS. Y no uno cualquiera, sino el
obersturmbannführer
(teniente coronel) Arthur Liebehenschel, comandante de Auschwitz durante parte de la existencia del gran campo de exterminio. "Mi padre no era un monstruo", asegura por teléfono, con voz muy dulce, Cherish desde su casa en Pahrump, Nevada.
El año pasado, Barbara Cherish (nacida Bärbel Liebehenschel en Oranienburg, en Alemania, en 1943) publicó un libro que ahora se acaba de editar en castellano
(El comandante de Auschwitz, Laocoonte, 2010)
en el que explica su lucha con la memoria de su padre y su investigación para esclarecer los puntos oscuros (¡) de la vida de este. Atraviesa el libro una esperanza de la autora: la de que Liebehenschel mostrara algún rasgo al que acogerse, no para una redención que ella sabía absolutamente imposible ("nunca tuve la intención de exonerarlo"), sino a fin de humanizarlo lo suficiente como para poder afrontar el hecho terrible de ser su hija. Y Cherish halló una característica a la que se agarra como a un clavo ardiente: su padre parece haber sido ¡un mal comandante de Auschwitz! Con tasas bajas de mortalidad. Un oficial al que sus superiores juzgaron inepto, blando e incapaz, e incluso indigno de ser un SS. Eichmann lo juzgaba "un niño incorregible" que ignoraba las normas.
"Mi padre", dice la hija del Kommandant al otro lado de la línea, "fue un hombre débil en un lugar terrible". El que la incompetencia que le reprocharon sus jefes y que condujo a que lo relevaran fuera en realidad una cierta manifestación de humanidad y decencia, como trata de argumentar su hija, es, sin embargo, algo demasiado increíble en un jefe de las SS. "Su indulgencia era meramente ilusoria", apuntó un testigo en su juicio (testimonio que recoge Cherish en su libro). En todo caso, Liebehenschel es un personaje menor si lo comparamos con el comandante más famoso de Auschwitz, Rudolf Höss, que lo despreciaba. "Höss disfrutaba haciendo su trabajo, exterminando a la gente", recalca Cherish. "Mientras que mi padre no estaba de acuerdo con la Solución Final y le ponían enfermo los transportes".
Barbel, con siete meses, en Oranienburg
En la historia que narra Cherish y sus meandros morales hay que ir con pies de plomo. Sabemos que Liebehenschel era en realidad un mando leal de las SS, comandante del peor campo de la muerte y que mintió sistemáticamente en los interrogatorios a los que le sometieron tras su captura. La justicia finalmente no apreció desde luego mucho matiz en su carrera: tras ser juzgado fue declarado culpable en 1947 de crímenes contra la humanidad y ahorcado el 24 de enero de 1948 en Cracovia.
En
El comandante de Auschwitz
, la autora empieza por recordar el momento en el que con 13 años, en 1956, cuando iba a emprender una nueva vida en América, su hermana mayor Brigitte le dio la foto que la acompañaría toda su vida, ensombreciéndola. Ella decidió ocultar el retrato, por miedo a que revelara sus orígenes y la pudieran rechazar o deportar. "Pero viví con una tristeza inexplicable y un anhelo de saber quién era re almente yo", escribe. Fue mucho después, en 1991, cuando Cherish se embarcó en la búsqueda de sus orígenes y consiguió los diarios y las cartas de su padre y las transcripciones de los interrogatorios a que fueron sometidos en Núrenberg los oficiales de las SS. "Fue un proceso largo, de años, buceé en archivos, me carteé con supervivientes y los entrevisté".
La historia tiene un lado melodramático paralelo al criminal (lo que puede resultar estomagante) que Cherish resalta para humanizar a su padre: Liebehenschel vivió un amor romántico que le llevó a abandonar a su familia -Barbara tenía entonces nueve meses y era la menor de cuatro hermanos- y que le causó problemas con sus superiores. El que luego sería comandante de Auschwitz nació en 1901; de joven se alistó en los Freikorps, y luego, en el Ejército. En 1932 se unió a las Allgemeine SS y se hizo miembro del partido. Cherish duda (¿inocentemente?) de que comprendiera las implicaciones de pertenecer a las SS, aunque Liebehenschel hizo carrera desde el principio en la sección de campos de concentración -no precisamente la más edificante- de las unidades de la calavera-. En 1938, la familia vivía cómodamente instalada en Sachsenhausen. Los niños se relacionaban con los presos que iban a hacer trabajillos a casa, aunque con la pena, escribe la autora, de que acabada la labor se marchaban "para no volver". Los Liebehenschel tenían una perrita pastor alemán, Ossie, que terminó en la academia de perros policía de las SS.
La hija del teniente coronel que comandaba el campo de Auschwitz, con seis años, cuando era estudiante de ballet
En noviembre de 1943, nuestro hombre fue transferido a Auschwitz como comandante del Campo I, el original (el II era Birkenau, y el III, Mederitz). Estuvo allí hasta el 5 de abril de 1944 y en los interrogatorios sostuvo, agárrense, que no vio nunca ningún tren, ni las cámaras de gas, que trató de mejorar las condiciones de los prisioneros y salvar vidas. Vamos, un negro SS que quería aparecer como un mirlo blanco.
El romance ilícito con Anneliese Huettemann (con la que habló Cherish para su libro) le costó caro, primero porque los SS, tan morales ellos, no veían bien el adulterio. Y luego, cuando la pareja quiso casarse, porque la Gestapo acusaba a la chica de haber tenido sexo con un judío, lo que hacía inviable el matrimonio con un SS. Liebehenschel llegó a jugárselo todo apelando a Himmler para que permitiera el enlace, cosa que el Reichführer al final hizo. El oficial siguió su carrera y fue enviado como comandante a Majdanek. Cómo alguien que ha estado de comandante en dos campos de exterminio puede argumentar que tiene las manos limpias sería risible si no fuera patético.
Su ex esposa, la madre de Cherish, acabó internada en un manicomio, y la niña, desnutrida, dada en adopción tras la guerra. "Siento amor por mi padre, sí, aunque es un amor oscuro", reconoce. "¿Estoy en paz con él? En cierta manera, lo he conseguido a través del libro. Me he sentido muy cerca de él escribiéndolo. He leído libros de otros familiares de nazis, libros con mucho odio. Yo, ¿sabe?, no comparto ese sentimiento".
Publicación:
Abril 2010
Precio:
22 euros
Encuadernación
Tapa dura
Páginas:
325
Edad:
Adulto
Autor:
Barbara U. Cherish
Vea el capítulo 1
El Comandante de Auschwitz es la historia de una búsqueda. La búsqueda que realiza la autora para encontrar la verdad sobre su padre, emprendiendo así un viaje que nos adentra en uno de los periodos más sombríos de la historia de Europa. Barbara U. Cherish se crió dentro del régimen nazi, rodeada de confort y bienestar, pero la posición de alto cargo que tenía su padre dentro de las temidas SS hicieron que tanto ella como sus hermanos vivieran en el filo de la navaja una vez que la guerra hubo terminado. En 1943, el año en que nació, su padre fue nombrado comandante de uno de los más infames campos de concentración: Auschwitz. La autora cuenta la historia de su padre con claridad y sin juicios de valor, explicando la relación que este hombre tenía con su familia y su otra vida como siniestro oficial de las SS. Fue capturado por los soldados norteamericanos al final de la guerra y, tras el juicio de Nuremberg, ejecutado en enero de 1948. Una mirada única que se adentra en el oscuro corazón del Tercer Reich. El Comandante de Auschwitz es también la trágica historia de una familia, rota, que abrirá los ojos hasta de los más ávidos lectores de historia.
Assia
Publicado: 02 Jul 2010 4:09 pm
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Perdonad mi insistencia,pero me gustaria saber si alguien conoce a la autora espanola Almudena Grandes. Hace unos dias,me trajeron de la biobloteca su libro (magnifica critica escrita en THE AGE") THE FROZEN HEART, lo estoy leyendo y me cuesta trabajo tener que dejar de leerlo. Ya solo me queda unas 200 paginas. El libro tiene 773 paginas. Es 1 novela fascinante!!!
Assia
Publicado: 26 Jun 2010 3:17 am
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Alguien conoce a la autora espanola Almudena Grandes? Hay 1 libro suyo en 1 biblioteca publica en Melbourne titulado: THE FROZEN HEART. Han traducid el libro con el mismo titulo que tiene en espanol: CORAZON HELADO. El libro se trata de la guerra civil espanla,es muy grueso,tiene 774 paginas. Si algun@s de vosotr@s conoceis a esta autora,por favor escribir vuestras opiniones. Gracias por anticipado. Assia
Assia
Publicado: 22 Jun 2010 4:33 am
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Algien ha leido el libro escrito por el filosofo (para mi es el filosofo mas postizo de todos los filosos) frances, Bernard-Henri Levy? Titulo del libro : WHO KILLED DANIEL PEARL? Se trata de 1 periodista norteamericano capturado por islamistas que lo sometieron a 1 terrible tortura antes de decapacitarlo. Confieso,que no sabia esa historis.
Solo he leido 3 capitulos. Bernard Henri-Lavi vuela a Karachi, Pakistan para investigar su muerte o para buscar informacion para escribir el libro. 1 detalle que pongo en duda es lo que el autor cuanta: El taxista que lo lleva del aeropuerto al hotel, le pregunto si era americano,el contesta que es frances,le pregunto si era la primera vez que visitaba Karachi,Levy mintio y no quiso decirle que habia estado en Karachi antes y contesto que era la primera vez que visitaba esa ciudad. El pregunton del taxista (esto es lo que pongo en duda) cual era su religion y Levy le contesta que es ateo,no quiere decirle que sus padres son judios.
Personalmente,cuando he viajado si he podido evitar tomar taxi,no lo he tomado,prefiero el transporte publico. No obstante,en Bilbao como en Lisboa tuve que tomar 1 taxi porque me quedaba muy lejos el aeropuerto del hospedaje. Si, en ambos sitio el taxista me pregunto de donde era y tambien me pregunto si era mi primera visita a Lisboa, PERO JAMAS ME PREGUNTARON QUE CLASE DE RELIGION PROFESO. Eso de preguntarle por su religion,lo pongo en duda. Alguien ha tenido 1 experiencia como esa? Tambien me gustaria saber si habeis leido a Levi o si sabeis algo de ese periodista Daniel Pearl. Gracias por anticipado a quien pueda aportar algo sobre este libro.
Saludos.Assia
Nellie Bly
Publicado: 18 Jun 2010 1:04 am
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: Nellie Bly
Nellie, la reportera intrépida
Sucedió hace 120 años.
Julio Verne en persona le dijo en su casa de Francia: "Si consigues dar la vuelta al mundo en 79 días, te aplaudiré con ganas"
. ¿79 días? No sabía con quién estaba hablando. Ella era
Nellie Bly
, joven, guapa, decidida. Una intrépida periodista norteamericana -rareza de un oficio entonces sólo de hombres- que se había hecho famosa escribiendo en el
New York World
(de Joseph Pulitzer) con sus reportajes de investigación en primera persona:
se hizo pasar por empleada en una fábrica de cajas, por criada de familias ricas y por loca, llegando a estar internada diez días en el manicomio de la isla de Blackwell en Nueva York
. Y ahora se disponía a batir el récord del héroe literario de Verne, Phileas Fogg, quien había cruzado el globo en 80 días.
"¿Cómo surgió la idea del viaje?"
, contaría más tarde Bly en el relato de los hechos.
"Es difícil a veces explicar cómo surge una idea... En este caso, un domingo, como era mi costumbre, estaba pensando en algo que ofrecerle el lunes a mi editor y no me salía nada, así que, cansada, me dije: 'Ojalá me encontrara ahora en el otro lado del globo..."
. Y ahí estaba. Se hizo la luz.
Nellie Bly tenía ya mucho background cuando se entrevistó con el famoso escritor en Francia. Su nombre verdadero era Elisabeth Jane Cochran, nacida acomodada en Pensilvania allá por 1864 en el fragor de una Norteamérica viva, tumultuosa, diferenciada y clasista, adonde llegaban inmigrantes a miles cada día y donde ni el sistema social ni el Estado ni la democracia eran lo bastante maduros para responder a tanta necesidad. En medio de esta marabunta se movían mujeres que trabajan sin descanso, como hormigas, de aquí para allá, esclavas blancas de fábricas y casas, dependientas, empleadas... mujeres conquistando poco a poco derechos inexistentes. Entre ellas, Nellie. Ella estaba entrenada para los retos. Había crecido en un ambiente familiar cargado de vaivenes económicos (nació rica, pero no le duró) y de desgracias personales (su padre murió pronto); tuvo que buscar empleo desde adolescente para poder estudiar. Y uno de sus trabajos la marcó: empezó a escribir en un diario del industrial Pittsburgh. Quisieron colocarla en las tradicionales secciones femeninas, pero ella se negó a limitarse a asuntos de moda, dinero, cocina y similares. Incluso se hizo corresponsal beligerante en un México convulso y corrupto. Más tarde dejó Pittsburgh y se mudó a Nueva York en busca de otras oportunidades y periódicos.
Nellie Bly se presentó ante su editor del World con su idea de viaje global. Pero éste le soltó: "Es imposible para ti hacer un viaje alrededor del mundo. Primero porque eres una mujer y necesitarías protector, y además, aunque pudieras viajar sola, necesitas tanto equipaje que te sería imposible ir rápida...". Ella respondió: "Muy bien, manda a un hombre, que salga ya... Yo partiré el mismo día y lo escribiré para otro diario...". Lo consiguió.
Así que, superadas las reticencias y ya iniciado su viaje, Nellie Bly miró detenidamente a Julio Verne, el autor que tanto admiraba, y sonrió pensando que se equivocaba en su cálculo. Ella iría mucho más rápido que Phileas Fogg. Y salió corriendo para no perder el tren hacia su siguiente destino. Lo consiguió en 72 jornadas, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos. Su gira batió el récord del momento. Había comenzado el 14 de noviembre de 1889 en Hoboken y terminó en Nueva York el 25 de enero de 1890. Pasó por Londres, Calais, Brindisi, Port Said, Ismailia, Suez, Adén, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco... y vuelta a casa.
Lo que trajo consigo Bly de su travesía fue un relato rico en encuentros (diplomáticos, capitanes, mujeres ricas y pobres, familias extravagantes, empleados poco serviciales, habitantes de mundos exóticos...), muchas experiencias y reflexiones que fue escribiendo como en una bitácora (hoy, en ese mismo estilo, existe un
blog en castellano que recoge parte de su travesía
). Su narración está repleta de detalles propios de una mirada aguda, muy personal, siempre atenta a las condiciones de vida, las infraestructuras, la organización sociopolítica; sobre la manera y el modo en que se trata a las mujeres en distintos lugares; de comparaciones sobre sistemas de transporte en tren o barco de americanos y británicos, etcétera. Su periplo la hizo estrella. Lo que vio y contó se convirtió en éxito. Tanto o más como lo había sido el reportaje que la catapultó en 1887, Diez días en un manicomio. Ambos trabajos se publican ahora en castellano en Ediciones Buck de Narrativa Norteamericana. "El personaje nos llegó por sí solo", cuentan en la editorial. "En EE UU, Bly es un mito, su celebridad originó desde un juego de mesa hasta una canción célebre. Ningún periodista, hasta entonces, había conseguido tanta popularidad, cuando no existía ni televisión ni radio. No podíamos creer que esta autora, mujer, feminista, influyente, pionera y precursora del periodismo encubierto, no hubiera sido traducida". Y más cuando el interés hacia ella, dicen, no ha disminuido: se está adaptando ahora para el cine su crónica sobre el manicomio.
Misión delicada fue tal reportaje convertido luego en modelo de periodismo de investigación. "
El 22 de septiembre de 1887, el World me pidió si podía internarme en uno de los sanatorios para enfermos mentales de Nueva York...
". Así comienza la crónica de Bly. La idea era escribir un relato sencillo, sin barnices, sobre el tratamiento de las pacientes en tal institución. "¿Creía yo tener el valor necesario para pasar ese trago? ¿Podía fingir las características propias de la locura hasta el punto de engañar a los médicos y vivir una semana entre los locos sin que las autoridades descubrieran que era una infiltrada? Dije que creía que sí". Y lo hizo. Tenía que observar, describir la situación de las enfermas, la comida, el trato, el funcionamiento interno... "Un funcionamiento que siempre se oculta eficazmente de la opinión pública gracias a las enfermeras de cofias blancas y a los cerrojos y barrotes". "¿Cómo me sacarán una vez que haya entrado?", preguntó a su editor. "No lo sé", contestó él.
Pasó diez días y diez noches en el manicomio de Blackwell: "Experimenté cosas que nunca olvidaré...
Cuando me liberaron, dejé el centro con placer y alivio culpables por poder volver a disfrutar del aire puro... por no poder llevarme conmigo a alguna de aquellas desafortunadas que, estoy convencida, estaban tan cuerdas como yo". Y Bly apunta un detalle especialmente terrible: desde que entró en el centro no simuló locura,
no mantuvo su personaje de demente, sino que habló y actuó como lo hacía en su vida real. "Y aunque suene extraño, cuanto más sensatamente hablaba y actuaba, más loca me creían"
. "Un, día al pasar por una sala leí en la pared: 'Mientras hay vida, hay esperanza'. Me sorprendió lo absurdo que allí sonaba. Me hubiera gustado colocar sobre las verjas de entrada al sanatorio esta otra: 'El que aquí entre, que abandone toda esperanza". Lo que sucedió luego lo resume ella misma:
"Me alegra que como resultado de mi visita al sanatorio... Nueva York destine un millón de dólares adicional cada año para el cuidado de enfermos mentales
. Al menos tengo la satisfacción de saber que esos pobres desafortunados estarán mejor cuidados gracias a mi trabajo".
Nellie Bly se dedicó a escribir hasta que se casó en 1895 con el millonario empresario Robert Seaman, 40 años mayor. Él murió en 1904 y ella se hizo cargo de sus empresas con la misma energía con que producía textos e introdujo en sus fábricas las medidas sociales que había visto necesarias en sus investigaciones: mejoras sanitarias, cursos, librerías, hasta fitness... Su gestión económica parece que no resultó tan eficaz y, arruinada, tuvo que regresar al periodismo en el New York Evening Journal. Llegó a cubrir la convención de 1913 a favor del sufragio femenino y fue la primera corresponsal en la Primera Guerra Mundial informando desde el frente del Este. Dicen que hasta es pionera de la navegación sin compañía de un hombre. Nada extraño. Y eso que su vida fue breve: murió de neumonía a los 57 años.
La vuelta al mundo en 72 días
El viaje de Nellie Bly en vivo
'
Diez días en un manicomio
' y '
Alrededor del mundo en 72 días
' -
edicionesbuck.com
Fiera
Publicado: 03 Jun 2010 8:35 pm
Título del mensaje
: La Fiera Literaria
El canon accidental
Hace unos treinta años que las tres o cuatro grandes editoriales de este país decidieron destruir nuestra literatura, y en especial nuestra novela. O quizás no decidieron tanto destruirla como convertirla en un negocio, que es casi lo mismo. En todo caso, el momento no pudo ser mejor: la llamada Transición trajo, con el destape en el cine y la televisión, el descaro literario o la confusión de literatura y comercio. Todo esto es tan sabido que no hace falta entrar en detalles: los viejos premios de la posguerra se vaciaron de contenido, se llenaron de millones de las antiguas pesetas y se convirtieron en un intercambio de honorarios por favores supuestamente literarios. Los planeteros y los alfaguareros compraron a los más mediocres escritores disponibles, los encerraron en las famosas cuadras y los sometieron a sus aberrantes criterios comerciales. Hubo casos verdaderamente tristes de algunos buenos periodistas, novelistas o poetas convertidos en autores de best-sellers de la noche a la mañana, por no hablar de los negros, correctores de estilo, jurados de premios pactados, etc. Y, por supuesto, de los sufridos y engañados lectores, estafados año tras año. Hubo una reconversión cultural y editorial, con concentración incluida. Las viejas empresas familiares con prestigio, como Seix-Barral, fueron adquiridas en sus momentos más bajos sólo para ser transformadas en meras sucursales. Recordemos que hoy algunas de estas editoriales han derivado, y no casualmente, hacia las colecciones de miniaturas, la venta de chucherías en los quioscos, el Internet a domicilio, la televisión por cable y otros negocios y chanchullos bastante más innobles -¿o no?- que el comercio del libro, aunque éste sea malo.
En resumidas cuentas, la picaresca y el compadreo, como siempre sucede en este país “de todos los demonios”, sustituyeron al estilo y la calidad. Pero ¿de dónde han salido nuestros insignes novelistas de hoy? Fácil: de los ministerios, del funcionariado, de los institutos de enseñanza media, de las redacciones, de los platós y en general de cualquier sitio del que no siempre sale un escritor, pero sí un feliz cesante contento de liquidar su hipoteca y recibir cada año unos cuantos milloncejos de pesetas o unos miles de euros. O un periodista deseoso de impulsar su carrera. O un comentarista de la prensa o la televisión rosa que quiere subir su caché y renegociar su contrato con su periódico o su productora. O una esposa de un pseudoescritor que ansía mejorar su vestuario cambiando las tiendas de Fuencarral por las de Serrano.
Seamos serios por una vez en este país de cabreros: estos son los motivos por los que esos señores y señoras decidieron un día instalarse en Madrid y –si es que lo hicieron- empezar a enviar paquetes certificados con plicas, visitar a agentes literarios y hacerse los encontradizos con unos y con otros; pero ¿cuáles fueron las razones que movieron a esos editores, curtidos hombres de negocios, a arriesgar su dinero con ciertos pelagatos y no con otros? Porque se trata de dinero y no de literatura; porque en muchos casos las estrellas de nuestro mundillo literario a duras penas pueden ser consideradas, a la vista de lo que regurgitan, personas de letras o siquiera personas instruidas. Y un texto por ellos producido corre el riesgo de ser ilegible, tedioso o incluso simplemente absurdo.
En dos palabras: todo vale pero no todo sirve para amasar beneficios. Un pseudoescritor o una plumífera pueden ser, como Anastasio Somoza para los gringos, nuestros hijos de puta, pero no tienen por qué vender, y para eso están y para eso se les paga, a las claras o bajo cuerda, en forma de premio. Difícil es creer que la última saga de Javier Marías no haya sido un fiasco como el de las hipotecas basura, por lo menos según lo que dicen los libreros. ¿Se puede vender indefinida e impunemente la moto de Juan Luis Cebrián, Rosa Regás, Rosa Montero, Almudena Grandes, Muñoz Molina o Lucía Echevarría, entre muchos otros, a un lectorado envilecido e intoxicado por la publicidad? ¿Realmente los lectores leen textos que La Fiera ha considerado mediocres, burdos, adocenados, mal trabados, peor pergeñados anacrónicos y llenos de gazapos? Cabe pensar que los consumidores de las novelas de la serie Alatriste, como antes y ahora los de las de Salgari o Verne, leen porque sacan algo de su lectura, aunque sólo sea la evasión más tosca e infantiloide. Pero no todos los nombrados y algunos más están en el caso de tener verdaderos lectores. Nos consta que bastantes sufridos españoles no han terminado nunca La ciudad de los prodigios, que no es la peor de las novelas de los últimos treinta años, sino más bien una de las menos malas. Muchas personas instruidas nunca concluyeron en su momento Volverás a Región o Cristo versus Arizona. Y ciertos lectores saben distinguir todavía un libro de un ladrillo, o mejor, de un escombro. Sería hermoso asistir a una conversación entre un tratante de libros al uso y un escritorcillo de tres al cuarto que trata de justificarse ante quien le da de comer, lo viste y lo calza.
Uno de los secretos son las ferias del libro, las Navidades, los Días del Padre y de la Madre y el Día de San Jordi, esas ocasiones doradas para el editor y el librero. Y el libro vendido cuenta como si hubiese sido leído, por lo menos en un pueblo de analfabetos como el nuestro, que mide sus índices de lectura por el número de títulos publicados y no por el de libros realmente leídos por persona y año. No hace falta recordar que miles de suplementos de periódico van directamente del quiosco a la papelera. Pero el asunto escama, desde luego: ¿De qué pasta estamos hechos los españoles? ¿Somos aliterarios y orales como decía Karl Vossler, austeros como los quería Menéndez Pidal? ¿No leemos el Quijote pero sí a Javier Marías y a Rosa Montero?
Seguimos pensando que la publicidad mueve montañas y que algunos lectores, con el libro en la mesilla de noche o sobre sus rodillas, sentados en un vagón de tren, pueden sentirse tentados por una lujosa encuadernación (puesta, claro está, para duplicar el precio del bodrio correspondiente) y emprender una lectura que los hará más necios, hablando en plata. No olvidemos que hasta los redactores de La Fiera han pasado, leído y comentado muchas páginas de nuestra piratería literaria nacional. Si alguien puede consumir –leer es otra cosa- un suplemento tan infumable como Babelia, incienso aparte, también puede muy bien abrir y hasta intentar desentrañar una anovela de Marías o de Grandes.
Hay factores que vienen en auxilio de estos y otros supuestos novelistas del club Dumas español: la enseñanza media ya no existe más que en su forma actual de correccional o de penitenciaría, y la primaria y la universitaria, gracias al buen hacer de nuestros políticos, van por el mismo camino. De la educación en sentido general mejor no hablar. La televisión es un modo formidable de estimular la siesta nacional del pensamiento y resulta un adecuado contrapunto de una infralectura perfectamente calibrada: el pseudolector de basura editorial se siente culturalmente superior al durmiente espectador-zapeador de TV, y quizás lo sea, puesto que las imágenes tóxicas de los programas rosa siempre resultarán más peligrosas que la sintaxis absurda de algún académico de la RAE. Al fin y al cabo –como se suele comentar en el consejo editorial de algunas de nuestras fábricas de libros y en muchos claustros de instituto-, es “mejor” leer cualquier cosa que no leer nada en absoluto. O no, porque seguramente son más felices los gañanes del campo en su ignorancia que el desgraciado que intente sacar algo –entretenimiento, estilo, evasión, imaginación, ingenio…- de ciertas novelas de actualidad.
Con estas reflexiones sobre nuestra narrativa actual venimos a parar a la cuestión que enunciábamos en el título: el canon, ese sendero de abrojos por el que caminan Harold Bloom y sus discípulos, y que está tan de moda en una época como la nuestra, si se nos permite, descanonizada, secularizada, vaciada de toda autoridad literaria, de todo sentido del arte como cosa sagrada. Los componentes del moderno canon español más parecen los miembros de una asociación de malhechores que los habitantes de un olimpo de la prosa y la novela. El actual santoral de valores literarios –esa sospechosa letanía que entonan los críticos a sueldo en cada entrega de Babelia- no es mucho mejor moralmente que una lista policial de los más buscados, que una nómina de morosos o que un índice de la población penitenciaria: quizás no han cometido todos los pecados capitales ni demasiados delitos contemplados en el código penal, pero han pervertido el estilo, conculcado la gramática y extraviado el gusto de los españoles de nuestros días y de los tiempos por venir. Estafan a los compradores de libros y a los lectores, mienten cuando forman parte de jurados, engañan cuando responden a los periodistas y mistifican cuando firman ejemplares. Son la peor hornada de autores españoles desde que tenemos memoria histórica de nuestra literatura. Sus obras completas son el canon al revés o el canon al acaso o la antología de la nada vuelta páginas, párrafos y libros. Meras palabras puestas juntas y simplemente negro sobre blanco.
Queequeg
La Fiera Literaria
Mark Twain
Publicado: 26 May 2010 10:58 pm
Título del mensaje
:
Mark Twain habla un siglo después de muerto
● Se publican susmemorias, que ordenó guardar hasta que pasasen 100 años de su muerte
● Falleció en 1910, poco después de terminar las polémicas líneas de ‘Hombre de blanco’
JULIO VALDEÓN BLANCO / Nueva York
Especial para ELMUNDO
Cuando la literatura es ya espejo de vanidades, un viejo, muerto hace un siglo, da lecciones a los brujos del negocio y explica, desde la tumba, cómo vender libros. Resulta que Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), conocido universalmente como Mark Twain, publica ahora sus memorias, inéditas desde que las rematara a principios del XX. Adorado como poeta, viajero, polemista y mandarín del Misisipí, a falta de deudos (la última nieta se suicidó hace décadas), será la Universidad de Berkeley la que, a finales de año, edite el primero de los volúmenes. El león que huía de condecoraciones – y que era capaz de empeñarse para financiar negocios imposibles, de pescar en Sudáfrica, navegar el Pacífico y escribir bajo los efectos euforizantes de fumar 20 puros al día– vuelve a rugir.
Han pasado 100 años porque esa fue la condición dada por Twain. Nació y murió con el paso del cometa Halley, como si fuera hijo de dioses. Mandó que congelarán aquel mamotreto, en el que trabajó la última década de su existencia, hasta cumplirse el centenario de su muerte, sobrevenida a causa de un ataque al corazón el 21 de abril de 1910. Desde que el lunes The Independent publicara la noticia, internet arde, pendientes todos de lo que nunca se ha contado, de las heridas que iluminaron sus noches, de cuantas serpientes, mariposas, balas y besos hollarán sus páginas. Tintinea la gran literatura ante la sobredosis de Twain que se avecina. Gracias a estas memorias su centenario será algo más que ruido oficialista y celebración política.
El mismo día en el que el Kennedy Center anuncia que Tina Fey, la reconocida comediante, recibirá el premio Mark Twain al Humor, vuelve acaso el autor que más frases memorables ha producido en lengua inglesa. Su monumental obra abarca todos los géneros, erigida en continente autónomo de asombrosa viveza. Dueño de un universo convulso, riquísimo, entre la ironía y la ternura, la violencia y la audacia, desarrollaba un estilo poderoso, fosforescente, sin dejar por ello de resultar ameno. Sus personajes, inolvidables, «emergían de la página impresa como si esta hubiese sido una plataforma desde la cual realizar sus saltos», como apuntó Norman Mailer. Cómo olvidar a Tom Sawyer, paradigma del pillastre en la América rural. Existen no menos de una docena de adaptaciones cinematográficas del personaje (la primera, de 1938, cuenta entre sus protagonistas con Walter Brennan). También se han producido miniseries para la televisión, recreaciones en dibujos animados, etcétera, por no citar los incontables guiños que le ha dedicado la cultura popular, ya sean apariciones estelares como invitado en Los Simpson o Futurama, menciones en novelas o canciones.
Cerrar la boca y parecer estúpido o...
Acontecimiento cultural de primer orden, el medio millón de palabras de ‘Hombre de blanco’ mantiene a los buenos lectores expectantes. Hay gula por conocer sus secretos, por aventurarse junto a uno de los autores canónicos americanos, el más revolucionario, sagaz, cínico y elegante de todos ellos, antimperialista, pacifista amigo de la parranda, luchador por los derechos de los indios americanos y los negros, convencido de que «es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda», seguro de que «para Adán, el paraíso era donde estaba Eva».
Huckleberry Finn, probablemente su obra maestra, actualizó la saga siguiendo el periplo Finn, su blasfema amistad con un esclavo prófugo a lo largo del gran río. Elijah Wood lo interpretó en 1993, Mickey Rooney hizo lo propio en 1939 y Michael Curtiz lo dirigió en 1960. De Un yanqui en la corte del rey Arturo existen versiones a cargo de Will Rogers y Bing Crosby.
Dicen que la razón del veto de la autobiografía, de esos 100 años transcurridos, sería la delicadeza, el hecho de que Twain no quiso desairar en vida a sus amigos, a los que sometería al tercer grado en el texto. Sus invectivas contra la amante que sustituyó a su difunta esposa son tan vitriólicas y el despelote de odio tan evidente, que sólo el tiempo podía mitigarlos, diluir tanto veneno. Y eso que el escritor, enamorado de la tecnología, durante los felices días del esplendor en la hierba, le habría regalado uno de los primeros vibradores de la historia. Del jergón pasaron a los insultos y de ahí a un catálogo de rencores que muestra el rostro humano del bondadoso escriba, su pasión contrariada, su faz malhablada.
Tampoco parecía de recibo en 1910 que el público recibiera nuevas dosis de su iconoclastia política. Enemigo del intervencionismo gringo en Sudamérica, enfrentado con militares, bancos y misioneros, amplía en sus memorias el catálogo de reproches. Por supuesto que muchas de estas polémicas eran conocidas. Existen multitud de artículos en prensa donde se despachaba a quemarropa. Además, parte de la autobiografía ha sido publicada en diversos formatos. Eso sí, nunca como ahora estuvo a disposición del mundo el bloque completo.
Sin propaganda, mística publicitaria, trucos de vendedor o escándalos, sin nadie vivo de entre quienes lo conocieron, resta el bufido en prosa, la memoria infinita, el lago helado y rojo de quien conjuraba el miedo juntando letras, una tras otra, para explicar el mundo.
musa a desgana
Publicado: 26 May 2010 10:21 pm
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Seguramente tienes razon y con el tiempo leere el relato con agrado. No tiene solucion y sera mi huella impresa en el mundo pero ahora mismo maldita la gracia que me hace ser inspiracion de nadie y ver mis emociones plasmadas en papel. Tenia como terapia escribir lo que sentia y permiti que el literato lo leyese. Y tal cual, cambiando algunos datos, aderezado con algo de ficción y, por supuesto, bien narrado.
Con el hijoputa me llevo bien, no tanto como el quisiera pero me llevo.
Invitado
Publicado: 26 May 2010 7:03 pm
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: no temas nada !
no te preocupes ! yo estaba escribìendo uno con el culebròn de una aventura real con un jòputa real y asì fuè que conocì a un escritor ,(bien conocido y genial que ni te cuento!)- pa prolijar el asunto antes de galera - y la cosa fuè que terminamos siendo pareja X 6 años ! el libro no lo editè pero la pasamos bomba X años !!!
...al cabo de los cuales està èl ahora escribiendo una novela " de nuestra historia tan
màgica "
y ya editò otra , años antes , en que los personajes decìan y hacìan lo nuestro y no pasa nada ! total solo ustedes lo saben . Eso sì , si terminaste enojada con èl y e$ un èxito ..........
sentiràs que te corre$ponderìa parte de la$ ganancia$$$$$ssss
ahì te jodes!
( pasado un tiempo no te joderà nada y queda la novela que, ... pasa a pertenecerte tambièn , es parte de tu vida .... y... es lindo ! )
sin perdon
Publicado: 26 May 2010 2:18 am
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Un ex ha escrito un relato para un concurso literario con el culebrón de mi vida por argumento y ha ganado, lo publican.
Assia
Publicado: 20 Apr 2010 9:01 pm
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El problema con la verdadera vida de Leon Tolstoy es que es 1 mezcla fabula-verdad. Tolstoy no se privo nunca de su buena vida ni de su titulo nobilario. 1 anarquista muy cristiano,tan cristiano era Tolstoy que lloro cuando fue expulsado de la iglesia oxtodosa rusa.
Ni siquiera ahora con los archivos abierto en la "democrata" Rusia,han dejado examinar todos los papeles escritos por Tolstoy. Tanto en la Rusia comunista como en la actual Rusia "capitalista,"siguen retrantando a Tolstoy com 1 "santo" y a su esposa como 1 histerica,dominante que fue responsable de la muerte del marido,cuando despues de 1 violenta pelea entre el matrimonio,el viejo Tolstoy abandono la casa y murio en 1 estacion.
Los admiradores del escritor ruso esconden muy bien que el metodo de Tolstoy para que aprendieran hacer el trabajo bien sus criados jovenes era pegandole. Ya sabeis,"la letra con sangre entra."
Tolstoi
Publicado: 20 Apr 2010 7:51 pm
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LEV TOLSTOI
Lunes, 03 de Noviembre de 2008 21:21 | Escrito por LA OTRA | PDF Imprimir E-mail
CORRESPONDENCIA
Lev Tolstói
"Para vivir honradamente es necesario desgarrarse, confundirse, luchar, equivocarse, empezar y abandonar, y de nuevo empezar y de nuevo abandonar, y luchar eternamente y sufrir privaciones. La tranquilidad es una bajeza moral".
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Ed.Acantilado, 2008
El volumen ‘Correspondencia’ recoge 387 cartas de un total de unas 10 mil conservadas en el Museo Tolstói de Moscú. En la dependencia conocida como Habitación de Acero se encuentran los manuscritos, guardados en cajas metálicas. Las cartas, escritas en ruso, francés e inglés, a las que la traductora, Selma Acira, tuvo acceso gracias a un permiso oficial y con las que trabajó durante meses para desvelar la complicada caligrafía de Tolstói y para recuperar las palabras que la censura soviética consideró “políticamente incorrectas” en la edición de las ‘Obras Completas’, publicadas entre 1928 y 1958.
{mosimage}La edición de las cartas cierra el retrato más completo del escritor y reflejan la lenta conversión del autor de conde a monje. Ese peregrinaje espiritual es el que se puede recorrer en sus diarios y, ahora, en su correspondencia, que abarca desde su adolescencia, en 1842, hasta su muerte, en 1910. Recoge desde sus cartas de amor con su idilio de juventud Valeria Arsénieva y con la que después sería su mujer, Sofía Bers, sus viajes por Europa y sus relaciones epistolares con George Bernard Shaw, Gandhi, Rainer Maria Rilke y el zar Nicolás II, entre otros.
{mosimage}Tolstói tenía una personalidad compleja y contradictoria, lector de Buda, Mahoma, Lao Tse, la Biblia, Epícteto, Kant, Nietzsche, en francés, inglés, alemán, griego, atormentado por dejarse vencer por la práctica del sexo, que encontraba "repugnante" y no conseguir el ajuste ideal entre su ética y su vida. Una persona sumamente paradójica : de cazador entusiasta a naturista vegetariano, de bebedor, jugador y fumador empedernido a fomentar ligas antialcohol y antitabáquicas, de escribir, en 1854, en la campaña del Cáucaso frases como "es cierto que es un placer un poco extraño el ver a las personas matarse unas a otras", a ser un defensor de la resistencia no violenta que mantenía correspondencia con Gandhi. Un Tolstói que consolaba a un amigo postrado: "No se aflija por su enfermedad. Está bien estar enfermo. De otra manera sería demasiado difícil morir".
{mosimage}Lev Nikoláyevich Tolstói (León Tolstoy) nació en Yásnaya Poliana en 1828 y murió en Astapovo en 1910. Junto con Dostoyeski es considerado el novelista ruso más importante del siglo XIX.
Su familia pertenecia a la más antigua nobleza rusa: su madre, la princesa María Nikoláyevna Volkonski descendía de los antiguos príncipes de Volkonski, y su padre Nikolái Ilich Tolstói era conde. Tenía tres hermanos y una hermana: Sergéi, Nikolái, Dmitri y María; el nacimiento de ésta le costó la vida de su madre cuando aún no cumplía los dos años y su padre muere de un ataque de apoplejía en 1838, Tolstói acababa de cumplir 10 años. Los hermanos se trasladan a Kazán, a la residencia de un tío paterno, Vladímir Ivánovich Yusjov, donde Tolstói reside gran parte de su juventud estudiando en la Universidad de Kazán lenguas orientales, pero abandona sus estudios en 1847 aunque los termina en San Petersburgo en la escuela de Derecho. Intervino en la batalla de Sebastopol.
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Chejov y Tolstói
Practicó el ascetismo y la no violencia pero tuvo en su juventud una vida disipada en la que que perdió propiedades en las apuestas, estaba permanentemente en ruina monetaria y que, como soldado destacado en Chechenia y Crimea, disfrutaba con el placer de ver morir a los hombres en el campo de batalla.
Otro de los misterios de Tolstói es su relación con Sofia Andreevna Bers (1844-1919), su mujer. Se casaron cuando él tenía 36 años y ella 18. Tolstói cometió el error de dejarle leer sus diarios de soltero, donde confesaba su turbulenta vida sexual. Lo hizo pocos días antes de contraer matrimonio y, según los diarios de Sofía, ella sufrió una decepción que arrastró toda su vida. Tuvo 13 hijos, de los que vivieron 8. Jamás entendió la vida campesina y humilde que quería llevar su marido y se resistió a que Tolstói entregara sus tierras a los pobres y dejara libres de derecho sus obras literarias. Se enamoró de un músico y Tolstói se vengó cruelmente escribiendo Sonata a Kreutzer, humillándola ante sus hijos -le obligó a leérsela en voz alta- y ante toda Rusia.
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Tolstói con su familia en Yásnaya Poliana (foto de 1892)
El final de su relación es digno de un drama: a los intentos de fuga de Tolstói, Sofía, ya montado su marido a caballo, respondía agitando a gritos desde la ventana un frasco de arsénico o arrojándose vestida a un estanque de agua helada. Al final, Tolstói, con 82 años, se escapó con su hija Sasha y compraba en las estaciones de tren billetes a destinos falsos para despistar a Sofía. Emprendió su último viaje en un furgón humilde, con el viento gélido del invierno ruso : enfermó de pulmonía y le depositaron en una barraca en la estación de Astápovo. Su mujer dio con él, pero Tolstói, agonizante, se negó a recibirla en la hora de su muerte.
Como escritor tiene una fuerte tendencia al realismo. En la novela Los Cosacos (1863), describe la vida de este pueblo. En Anna Karénina (1867), narra las historias parelalas de una mujer insatisfecha y de un terrateniente filósofo. En Guerra y Paz se describen cientos de distintos personajes durante la invasión napoleónica.
Tolstói tuvo una importante influencia en el desarrollo del pensamiento anarquista. El teórico anarquista Pedro Kropotkin lo citó en el artículo “Anarquismo” de la Enciclopedia Británica de 1911.
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Sofia Bers, esposa de Tólstoi durante 48 años
En cierto modo, la biografía de León Tolstoi constituye una infatigable exploración de las claves de esa sociedad plural y a menudo cruel que lo rodeaba, por lo que consagró toda su vida a la búsqueda dramática del compromiso más sincero y honesto que podía establecer con ella. Aristócrata refinado y opulento, acabó por definirse como anarquista cristiano, provocando el desconcierto entre los de su clase; creyente convencido de la verdad del Evangelio, mantuvo abiertos enfrentamientos con la Iglesia Ortodoxa y fue excomulgado; promotor de bienintencionadas reformas sociales, no obtuvo el reconocimiento ni la admiración de los radicales ni de los revolucionarios; héroe en la guerra de Crimea, enarboló después la bandera de la mansedumbre y la piedad como las más altas virtudes; y, en fin, discutible y discutido pensador social, nadie le niega hoy haber dado a la imprenta una obra literaria inmensa, una de las mayores de todos los tiempos.
Para saber más:
http://www.tula-oblast.ru/
http://es.wikipedia.org/wiki/Alex%C3%A9i_Nikol%C3%A1ievich_Tolst%C3%B3i
http://www.underthesun.cc/Classics/Tolstoy/
http://usuarios.lycos.es/mental/tolstoi.html
http://www.boutiquedellibro.com.ar/libros/3/849613640.html
Actualizado (Lunes, 03 de Noviembre de 2008 21:38)
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http://www.libros-literatura.com/inicio/biografias/lev-tolstoi
El País
Publicado: 18 Apr 2010 4:24 pm
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:
: Los archivos de la censura
"Es obsceno y ampara el adulterio"
Cursis, 'snobs', rojos, puercos o malos escritores - Así describen los informes de los censores en las dos últimas décadas de la dictadura a los grandes autores españoles
DANIEL VERDÚ - Madrid - 18/04/2010
Poetas
malos, cursis y snobs. Escritores resentidos que leían y veían marranadas cuando salían al extranjero a puerquear con mujeres fáciles. Rojos. Pseudointelectuales. Esquizofrénicos que escupían alusiones vejatorias a la cruzada en la guerra de liberación. De entre todos ellos, de entre ese hatajo de perdedores, quien más quien menos tiene hoy el Premio Nacional de las Letras o el Cervantes. Autores como Juan Marsé, Francisco Ayala, Antonio Gamoneda o Jaime Gil de Biedma soportaron el lápiz censor de un ejército de lectores a los que nadie conocía -muchos curas y ex militares- que firmaban con un cobarde número para prohibir o ridiculizar sus obras. Porque así era, literalmente, como el régimen les describía a ellos y a sus textos.
"Condenados a la libertad vigilada"
Paradojas del censor
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Marsé: "Si te dicen que caí' se puso como ejemplo de las cosas a vigilar
Jorge Herralde fue condenado y luego indultado por editar 'Los Tupamaros'
Gamoneda: "Si me censuraban el libro es que su espacio natural era España"
Un censor: "Los Goytisolo no tienen consistencia. Se pudrirán solos"
Hoy, todos esos informes permanecen en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares (el tercero más grande del mundo). Un enorme edificio en cuyos 200 kilómetros de estanterías descansan muchos de los secretos de la dictadura. EL PAÍS ha tenido acceso a los papeles que contienen el intento de cortocircuitar la explosión literaria de la España de los 20 últimos años del franquismo. Sacados de contexto pueden sonar hasta graciosos.
"Los de siempre es domingo, boîtes, planes, clubs, meretrices, infidelidades, queja y crítica de todo. La novela tiene bastante bilis política. El autor parece ser de aquellos pseudointelectuales que cuando salen al extranjero leen y ven marranadas y puerquean con mujeres fáciles". Pese a la fina reseña que realizó Don 29, el censor señaló sólo 22 páginas donde había que realizar tachaduras y autorizó la edición en 1962 de Esta cara de la luna, de Juan Marsé.
Un poco más le costó al autor catalán publicar Últimas tardes con Teresa. Cuando se la denegaron, se citó con Carlos Robles Piquer, entonces director general de Cultura Popular y Espectáculos para tratar de convencerle. "Me recibió y fue muy gentil. Me dijo que quitara algunas palabrejas y lo del 'bigotillo con aire de alférez provisonal' de uno de los personajes. Eso lo dejé y, al final, salió", explica por teléfono el último premio Cervantes. Más adelante, con Si te dicen que caí, no tuvo tanta suerte. "De la Cierva [el siguiente responsable del área] jugó conmigo a que hacía lo imposible para que se publicara. Luego supe que en realidad no hizo gran cosa, porque no había mucho que hacer. Me dijo que había estado encima de la mesa de un Consejo de Ministros, se puso como ejemplo de lo que había que vigilar", recuerda Marsé.
Soplaban vientos de aperturismo. El régimen jugaba a la tolerancia, y con la "ley Fraga", muchos editores empezaron a publicar las obras sin pasar por consulta. Arriesgarse era menos arriesgado. "Con el secuestro de varios libros habíamos sufrido un perjuicio económico enorme. Pero con la política de hechos consumados se podían publicar títulos más incómodos. Si los secuestraban, salía la noticia en la prensa, y la imagen aperturista del régimen quedaba dañada en el extranjero", recuerda el editor y dueño de Anagrama, Jorge Herralde que, pese a todo, fue procesado, condenado y luego indultado por el libro Los tupamaros.
Paradójicamente, algunos libros de Anagrama poco acordes con el régimen, como Estrategia judicial en los procesos políticos, de Jaques M. Vergès, que defendía el papel del acusado como acusador del tribunal y que coincidió escandalosamente con el Proceso de Burgos, no tuvieron ningún problema. Cosas de la caprichosa y torpe censura.
Lo de los hechos consumados no funcionaba con algunos autores. Al amigo de Marsé, el poeta Jaime Gil de Biedma, no le podían ni ver. "El autor, poeta cursi y snob, cuenta cómo regresó de Manila con una tuberculosis incipiente, y los tres meses que pasó en La Nava haciendo reposo para curarse. Como se ve, tema interesantísimo. El libro es anodino, vacío y sin interés, con ninguna religión, casi ninguna política y una grosería inigualable en la cuestión de sexo. Estas porquerías están proliferando tanto en la literatura actual, que ya no llaman la atención ni siquiera en un libro que pretende ser espiritual". Se indicaron las tachaduras correspondientes y se autorizó, ya en 1974, Diario de un artista seriamente enfermo.
Lo extraño es que a la misma censura, cinco años antes, cuando analizó la Colección particular del mismo autor, dijo de él: "Buen poeta y sobradamente conocido como firmante de manifiestos contra el régimen. Su poesía es francamente buena, romántica algunas veces pero con un deje de ironía. Influjos machadianos y becquerianos". Pese a ello, claro, el libro tampoco pasó. El poeta escribió al censor para conocer los motivos de la prohibición, que lo denegó también en el "extrangero", con g, y lo mantuvo secuestrado.
Porque esa opción era recurrente en autores vetados. Pero algunos, como Antonio Gamoneda, se negaban a hacerlo. Su libro Actos, luego titulado Blues castellano, tuvo que esperar a 1982 para ver la luz. Su informe, firmado por Don 29, decía esto del hoy premio Cervantes y premio Nacional de Poesía. "Libro de versos muy malos, de temática y métrica diversa. Sobre todos ellos camban un sentido de resentimiento y odio. Muchos de ellos aparecen con citas de Marx, Lefebvre y otros marxistas. La tónica general es demagógica. La obra carece de valor, pero hay poemas que pueden ser pasables".
Gamoneda no quiso publicarlo mutilado ni llevarlo fuera de España. "Alguien, desde Canadá, me pidió el libro para publicarlo. No me interesó: si había censura, esta era un indicador de que el espacio natural del libro era precisamente España. Lo guardé y casi lo olvidé. Hoy está traducido al francés y al inglés", explica el autor.
Otros, como la editorial Seix Barral, lo intentaron al revés y trataron de importar obras editadas fuera. Sucedió con La cabeza de cordero, de Francisco Ayala, como recuerda el censor. "Esta obra ya ha sido denegada [...], también su importación. [...] Suprimiendo esos párrafos y con mucha benevolencia, podría autorizarse. Aunque sigue siendo contraria al régimen español". Del relato Un gallo cantó, decía: "Es obsceno y ampara el adulterio". Quedó tachado.
Aunque pronto llegaría a su fin, la virulencia de la censura se acentuó en los últimos años -"en el 73 el régimen estaba en la recta final y se endureció en los últimos estertores", explica Marsé, "hubo un breve sarampión liberal y democrático", lo define Herralde-. En aquella época, el historiador Ricardo de la Cierva era el máximo responsable. "Mi padre fue quien eliminó la censura", explica su hijo por teléfono, tras excusar que no se ponga porque está de viaje. Y pese a que eso no fue del todo así, sí se detecta en una de las cartas que mandó a la editorial Ariel una cierta intención de abrir las miras:
"Tengo la impresión de que si yo hubiera estado ahí cuando los Goytisolo empezaron a escribir, las cosas hubieran ido algo mejor para todos. Desde luego que el recuento de Luis y las señas de identidad de Juan Goytisolo no me parecen viables hoy por hoy. [...] ¿No podríamos ir pensando en preparar una antología extensa de cada uno de ellos, en espera de que vaya madurando nuestro proceso de apertura? No se trata de echar balones fuera, sino de sopesar bien todas las posibilidades para que este delicado proceso no se nos venga abajo". Pero el citado proceso sólo existió, y de golpe, cuando el dictador murió en su cama un año y ocho meses después.
"Entre el 63 y el 75 todo lo que escribí fue prohibido. Me acusaban de ser el aduanero que impedía que se publicase buena literatura en París. Porque todo lo que salía ahí era antifranquista", recuerda Juan Goytisolo desde la capital francesa. Y así es como realmente se les había retratado a él y a su hermano por Fiestas, una de sus obras: "No se explica uno cómo estos autores, esos dos hermanos, tienen tanta aceptación en el extranjero", rezaba la primera parte del informe.
Luego, a modo de pitoniso aficionado, ofrecía a sus superiores una modernizada versión de censura: "Con la apertura de criterios en los casos de estos mozalbetes se consigue un bien mayor al mal que se pueda evitar censurándolos. Hay que desenmascararlos ante el extrangero (de nuevo con g). No hacerles el juego. No darles pies a heroísmos y martirios. Olvidarlos, que se pudrirán solos. No tiene consistencia literaria. Condenémosles a la libertad, libertad vigilada. Es la sanción mayor que se les puede dar". Pero la bendita condena no llegó tan rápido.
http://www.elpais.com/articulo/cultura/obsceno/ampara/adulterio/elpepicul/20100418elpepicul_1/Tes
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